COqUe MALLA. músico

"No me senté a planificar mi reinvención, es la vida la que me ha ido moldeando"

  • El cantante madrileño continúa su gira para interpretar junto a su banda 'El último hombre en la Tierra', un disco que "desprende algo luminoso: alegría, vida y esperanza"

Coque Malla asegura que ha tenido "uno de los conciertos más bonitos de la gira", el que ofreció días atrás en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla, dentro del ciclo Pop CAAC. El cantante recuerda un pálpito que tuvo el pasado marzo en Sevilla, cuando actuó en la Sala X: el disco que acababa de sacar, El último hombre en la Tierra, editado por Warner, iba a funcionar. "Estábamos excitados y llenos de incertidumbre. Nos íbamos quedando con la boca abierta viendo cómo se llenaban las salas y cómo la gente se desgañitaba y se emocionaba cantando las canciones nuevas. ¡Acababan de salir! El concierto de Sevilla fue la confirmación del éxito que se nos venía encima", rememora Malla en su cuenta de Facebook. Regresa a la ciudad, en esta ocasión al Monasterio de la Cartuja, ya con las dudas disipadas, "con la banda sonando como una locomotora y el show funcionando como un reloj suizo".

-Son muchas las voces que afirman que El último hombre... es su mejor trabajo hasta la fecha. ¿Está de acuerdo?

-No lo sé, la verdad. Cuando uno termina un disco está en pleno enamoramiento; si no estás enamorado no lo sacas. Ahora me parece el mejor disco de la vida [ríe], pero habrá que mirar con perspectiva, con tiempo. Sí hay una cosa objetiva, y es que yo me propuse meterme en unos terrenos musicales, instrumentales, armónicos, en los que no me había adentrado nunca. Ahí sí siento que hay diferencia con mis otros discos.

-En el tema Pétalos, sonrisas y desastres, dice: "Hoy he cambiado las preguntas y he buscado en otra dirección". Esa frase se podría aplicar a su música.

-Esa letra habla de una historia de amor, pero, sí, es bonito hacer un paralelismo, ¿por qué no? Aquí trabajé en la guitarra, en el piano, busqué otras posiciones, otras estructuras para las canciones... para hacer un disco más amplio. Me arriesgué a hacer algo complicado: un disco de pop, de rock, con cierto carácter sinfónico. Podía haber sido un triple salto mortal y que nos hubiésemos roto los dientes, pero han salido críticas fantásticas.

-Uno de los aspectos en los que parecen haberse esforzado es en que hay un abanico de canciones aparentemente dispares, pero sin embargo el conjunto suena muy uniforme.

-Hubo un momento de la grabación en el que tuve ese miedo, lo reconozco. El miedo de hacer una macedonia de estilos: ahora un blues, ahora un vals... Pero en una de las pausas que tuvimos escuché una premezcla y me quedé más tranquilo, vi que el material funcionaba. Gracias al trabajo de todos, que estuvimos muy concentrados, creímos que teníamos algo potente y lo cuidamos.

-Canciones como Santo, santo, El cambio interior o Todo el mundo arde se mueven entre la necesidad de creer y cierta decepción, la certeza de que los personajes acabarán "plantando su culo ante el televisor".

-Los seres humanos somos contradictorios, y además estamos en un tiempo raro, en el que andamos ciclotímicos por la velocidad en que nos movemos. Esa velocidad produce subidas y bajadas, y sé que no es una cosa mía, que es un estado general. Como yo soy una persona muy emocional, no escribo de forma muy racional, al final plasmo en mis discos esas contradicciones. Aunque haya una canción que es alegre, otra que es triste.... al final, si lo escuchas una y otra vez, lo que se desprende del disco es bastante luminoso. Así como Termonuclear me quedó más en blanco y negro y rezumaba tristeza, éste rezuma al final alegría, vida y esperanza.

-No es casual que el disco se cierre con Duerme, la nana que dedica a su hija.

-No es algo tan pensado, es algo que me sale. También La señal, aunque la letra es alguien que le pide a otra persona que vuelva, transmite alegría con la música, o Escúchame, que es un rock'n'roll... Pero si me pregunta sobre si soy optimista con el ser humano, no lo sé, la verdad [ríe].

-En La señal, la letra se pregunta "quién es el hombre en el espejo. No se parece en nada a mí". Pero da la impresión de que usted se lleva bien con su reflejo, que ha sabido encontrarse.

-Como con casi todo, no ha sido algo muy premeditado. A mí a menudo la gente me dice: Te has sabido renovar, te has reinventado. Pero yo no me he sentado en una mesa con un lápiz y un papel a planificar mi carrera, a ver cómo renovarme. Ha sido la vida. Yo no decidí separarme de Los Ronaldos y convertirme en un hombre que hace rock serio, un tío con barba y con un sombrero [ríe]. Los Ronaldos se separaron, me salió hacer un disco y luego otro... Y de repente vivo en el campo y tengo una hija. Esas circunstancias te van cambiando, pero como a todo el mundo. No soy un tipo raro que se reinventa de forma genial, es la vida la que nos va moldeando a todos.

-Ahora que se ha estrenado una versión teatral de Todo es mentira, que usted interpretó en el cine, quería preguntarle por su carrera como actor.

-No es algo de lo que me despedí, no me dije un día que dejaba el cine. Hubo una etapa en la que puse muchas energías en eso, en que pude encadenar proyectos como El columpio, el cortometraje que hice con Ariadna Gil, y un guión como el de Todo es mentira. Lo que pasa es que con el tiempo empecé a sentirme más músico, ya no sólo menos actor, sino menos estrella del rock. Cada vez me interesaba más la parte musical de todo esto. Empecé a dedicarle todo mi tiempo a buscar letras cada vez mejores, canciones cada vez mejores, músicos cada vez mejores. El cine es una profesión muy seria a la que hay que dedicarle mucho tiempo, y dos vidas no se pueden vivir. Cada vez soy más del tópico de que quien mucho abarca poco aprieta. Ahora lo que me interesa es encontrar la mejor canción posible. Pero son épocas: si apareciera un guión, un personaje o un director maravillosos no me negaría, si no estuviera de gira...

-En los conciertos han dejado atrás ese componente sinfónico del disco, ¿no?

-Sí. Cuando arrancamos teníamos dudas, nos preguntamos cómo ibamos a hacerlo. Pero nos quitamos los complejos: somos una banda de rock'n'roll y no hay cuerdas, no pasa nada. Está mal que lo diga yo, pero si una canción es buena, funciona como sea. Creo que nos ha quedado un show poderoso y enérgico.

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