Tribuna libre

La soledad de un planeta llamado Tierra (y IV)

DESDE la cima de una pequeña colina se divisa la llegada de alegres y tempranas amanecidas donde  las bellezas y las verdades, a veces ocultas, se nos presentan en todo cuanto nos rodea y a las que no siempre prestamos atención. Esas vistosidades nos inundan formando parte de una celebración de las maravillas que la naturaleza nos muestra conectando con su esencia saliendo de la luz, llenándonos de atributos,  sonidos,  sinfónicas melodías, estallidos de inusitados colores, mostrándonos ante nuestros extasiados ojos y sentidos junto a mosaicos de incomparable belleza, manifestando que aún nos quedan parajes que siguen atesorando un patrimonio de la naturaleza único que debemos  valorar.  Nos está pareciendo  escuchar  su voz a modo de sonogramas y donde, además, podemos leer en una entrañable caligrafía de sílabas escritas en lienzos plagados de modulaciones, quiebros y requiebros justo al lado de ciertos entresijos de lindos y melódicos cantos que nos vienen a dibujar un  estructura armónica que basa su afinación en sutiles notas  en una atmósfera de nítidos aromas y perfumes. Todo ello conforma una eclosión natural repartiendo abrazos y ataviada de sus mejores galas para ser contemplada y admirada en todo su esplendor y saturada de una hermosura que embriaga.  Nos viene a decir “¡poned todo vuestro empeño en cuidarme, mimarme,  y preservarme como creo que merezco!  ¡No tendréis otra igual! ¡Os regalo vida y no destrucción!                                  

Poseemos unos ojos que son receptores de luz, una piel que actúa como sensores térmicos, neuronas cerebrales cual almacenes de memoria. No malgastemos esos naturales dones y preservémoslos de los puntos críticos que en determinados lugares y momentos se están sobrepasando. Que todo está cambiando lo sabemos sobradamente, porque hay algo que no estamos haciendo bien. Como humanos somos mamíferos que establecemos fuertes lazos, que sentimos sufrimiento, aflicción cuando perdemos algo que forma parte  de nosotros mismos. Cada cual lo manifestamos de manera diferentes pero sentimos a sabiendas que tales pérdidas no volverán por lo que nos adherimos  a tratar de superarlas con infinidad de cometidos  ya que somos incapaces de aceptarlas e incluso comprenderlas. 

Todo cuanto venimos observando ha sido y es producto de una paulatina evolución, la que nos ha llevado hasta lo que hoy sabemos y conocemos, siendo los que aquí moramos la respuesta misma. Por nuestras formas y maneras de actuar, por nuestras imperfecciones, errores…, se puede llegar a pensar  que podríamos llegar a ser, según algunos, un defecto de fabricación, una equivocación de la creación en dicho proceso evolutivo.  

Es cierto que la Teoría de la Evolución de Charles Darwin es un hecho histórico que se presta a diferentes interpretaciones a día de hoy. De continuar así el denominado cambio climático nos pasará la factura y con IVA incluido.                                                                                                                                                                            Para los amantes  y creyentes de la Biblia, la plagas que se dieron en el Antiguo Egipto nos resultan  hoy menudencias ante cuanto se nos está planteando. Sea o no atribuido al cambio climático- que se da por hecho existe- y que algunos lo atribuyen a un invento de la hipocresía basada en intereses creados , pero la factura se está empezando a pasar. Creo recordar haber leído que Aristóteles hablaba que la naturaleza  a veces crea sus propios monstruos que violentan las propias leyes naturales. La actual sociedad crea igualmente los suyos y que vienen emergiendo del fondo de cenagosas cloacas siendo harto difícil intentar poner recta la sombra de bastones torcidos. La conservación y cuidado de todo cuanto nos rodea  es y deber ser tarea de todos y sin excepción. Educando desde niños en el amor y el disfrute  responsable  de nuestro común habitáculo será asegurar, sin lugar a dudas, su futuro, llevando a la práctica una cierta calidad educativa como forma de vida y lejos de connotaciones políticas y, a su vez, a valorar el hermoso  y necesario patrimonio que todavía nos queda. Hay que conservar lo que se valora y valorar lo que se ha de conservar. ¡HAGÁMOSLO!    

Pienso y creo  se debería proponer la creación  de cierto tipo de laboratorios para la fermentación  de ideas buenas  e inteligentes en beneficio del bien común, aplicables a y en todos los ámbitos de la vida con el fin de hacer un mundo mejor creando estímulos para nuestros sentidos y cargándolos de inspiraciones para la mente y sosiego para el espíritu y llenándolos con y en sentido positivo. Estas y parecidas cuestiones, por lo que parece,  las tenemos un tanto olvidadas por no decir bastante. Lo material no alimenta  el alma por lo que da la sensación estar viviendo entre murallas geopolíticas y sociales debido a esa cantidad de constelaciones de ilustres ineptos cuyas afiladas y sutiles palabras llegan  a se mucho más dañinas que puntiagudos puñales. Igualmente  se debería optar por cambiar esa caja tonta (TV) introduciendo otra maneras y formas para inculcar otros modelos  como temas de investigación, reportajes , culturales, educativos… y , cómo no, edulcorando, paliando los temas de cotilleo, cierto tipo de charlas y entrevistas…  Creo no debería permitirse  ese tipo de juegos florales. 

Quiero creer que siempre habrá esperanza y creo que nuestra mejor medicina llegase a ser el sol, el aire, el agua, el disfrute de nuestra propia pura naturaleza tomándose como alternativas y claves para nuestro bienestar tanto en lo físico como en lo mental. Convencido estoy de ello resultando mucho más eficaz para buscar y encontrar mucha  más luz entre tanta oscuridad. Iluminada es la sonrisa que alude a ciertos especímenes de humanos a los que les viene grande las certeras normas de la moral y la ética. Por ello Einstein decía: “Que la inmensidad del universo y la estupidez humana son infinitos, y que de lo primero tenía sus dudas, mientras que de lo segundo estaba totalmente seguro”. 

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