Tribuna libre

Una tabla de salvación para lo artístico

 EN estos tiempos de crisis agobiante, el mercado del arte se ha visto reducido a su más mínima y descorazonadora expresión. Los artistas se desesperan viendo sus talleres llenos y la salida de sus obras absolutamente estancada. Existía un dicho antiguo que decía: “en tiempos de guerra ni Dios tiene una perra”; ahora, la guerra de los bolsillos vacíos desvían las miradas hacia asuntos más perentorios que las cosas del espíritu. Las instituciones han reducido su, en otrora, apuesta fuerte por lo artístico; la clase media que, también, se interesó por un coleccionismo básico y se  convirtieron en más que interesantes compradores, acabaron por renunciar a tan buenas intenciones, acosados por el miedo. Los creadores han visto, de esta manera, totalmente disminuida la canalización de su trabajo y no han tenido más remedio que buscar otros medios que les permitiera dar salida a lo creado en los estudios. Y, probablemente, sean los concursos, certámenes y premios artísticos las únicas posibilidades que ellos posean para formalizar su producto y seguir trabajando. No obstante, la concursística también se ha visto muy reducida y poco son los Certámenes con un atractivo especial para los artistas. Tampoco ellos, en los últimos tiempos, han tenido un desarrollo demasiado edificante, lo que tuvieron el rechazo de autores importantes.

Nace, ahora, un Premio que, en primer lugar cambia, diametralmente, la filosofía al uso. Dos jurados, uno de expertos reconocidos y con opinión absolutamente valorada en los medios artísticos, y otro de empresarios con cierta vinculación a lo artístico, autentificarán una selección de obras que, sólo ella, ya es un signo distintivo de seguridad y calidad en lo que se elige. Esto supone una verdadera garantía para una concursística que ha demostrado en multitud de ocasiones que sus desenlaces dejaban mucho que desear. 

El Premio de Pintura Pepe Estévez nace con infinito interés y pone en valor una modalidad que va a aportar mucho a este universo artístico tan necesitado. Se trata de un Premio del que el recordado empresario se sentiría totalmente orgulloso. Surge con entusiasmo, ese del que tanto disponía José Estévez; ha sido configurado con rigor, seriedad y pasión, todo lo que era común en el discurrir existencial del bodeguero desaparecido. Con todos estos mimbres se puede confeccionar un cesto que acoja un arte abierto, bueno y sin complejos. Todo lo que hace falta en este universo de tanta necesidad y al que no siempre se le ha dado lo que se merecía.

Este que esto les escribe, que tuvo el honor de pertenecer al jurado de aquel Premio Tío Mateo que José Estévez presidió poco tiempo antes de fallecer, augura al nuevo Certamen una vocación de futuro y apuesta por una realidad que, sabe, llegará a convencer a casi todos. Se trata de un Premio que, en palabras de Carlos Urroz, director de ARCO, “surge con mucho entusiasmo y de manera ilusionante, conformado por profesionales lo que contribuirá a un desarrollo que sirva poderosamente para el arte actual”. Esto va a permitir, sin duda, a que sea una especie de tabla de salvación para una profesión a la que se le han cerrado muchas puertas y necesita muchos buenos horizontes, diáfanos y llenos de sentido, para que lo artístico mantenga su eterno carácter. Además, como indica José Ramón Estévez, presidente de Grupo Estévez, “será la continuación de lo que él empezó, con un formato distinto, pero el mismo marchamo de calidad. Además, va a servir, entre otras muchas cosas, para  vender Jerez. No olvidemos que es la ciudad donde nació toda esta maravillosa aventura”.

El nuevo Premio Estévez va a contribuir al mecenazgo que José Estévez inició, confeccionando una colección que va a engrandecer el fondo importante que ya tiene, con obras, entre otros muchos, de Ignacio Zuloaga, Joan Miró, Salvador Dalí, José María Sicilia, Antoni Tapies, Cristina Iglesias, Fernando Botero, Jorge Oteiza, además de la serie completa de La Suite Vollard de Pablo Picasso.

El Premio Pepe Estévez viene a suponer el apoyo necesario a un arte contemporáneo que está sufriendo la crisis, probablemente, con más dureza que otros sectores de la cultura. Sintámonos felices por ello.

Bernardo Palomo es crítico de arte

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