La temperatura ideal para la poesía

  • Joan Margarit, Luis Muñoz y Felipe Benítez Reyes hablan de los entresijos de la inspiración

La diferencia generacional entre dos poetas es lo de menos si son de primer orden. Y así son Joan Margarit (1938) y Luis Muñoz (1966) que, interrogados por otro de los grandes, Felipe Benítez Reyes (1960), hicieron un repaso desde el origen de su relación amorosa con la poesía, siendo tan sólo unos adolescentes, hasta la actualidad. "Yo siempre quise imitar a Juan Ramón Jiménez. Así fueron mis inicios poéticos, algo burdos claro, porque no se puede ser Juan Ramón Jiménez, y yo quería serlo", comentó Muñoz. "Luego ya -añade-, este empeño me abrió un campo de sensibilidad, porque la fragilidad que tenía Juan Ramón para mí era una fortaleza. Y como a veces me sentía fuera de sitio, en los poemas es donde realmente me hallaba y me hallo".

"Yo nací en un pueblo del interior de Cataluña, donde la primera lengua era el castellano. Empecé a escribir en castellano, porque era la cultura que había adquirido en la escuela, y en casa, teniendo en cuenta además que pocas cosas estaban permitidas hacer en catalán hasta los 60", recuerda Margarit, a quien algo le falló entonces, y no fue la poesía, sino la elección entre la lengua materna y la cultural, algo que le crispó los sesos desde los 20 hasta los 40 años.

"Yo empecé a leer poetas que hacían lo que yo quería hacer: decir con un poema lo que no está dicho. Yo escribo con la sensación de que no estoy hecho, porque la temperatura ideal para la poesía es la inseguridad", cuenta Luis Muñoz de su camino hacia la madurez como escritor. Y cita a autores como Ungeretti, "quien ya tiene resulto su conflicto en la soledad, y es que yo creo que nunca dejamos de ser el adolescente que fuimos". Una sentencia, ésta última, que Margarit discutió, "porque yo prefiero no dejar de ser un niño, las crisis de adolescentes son un coñazo".

Y Margarit habló de la poesía castellana y aludió a Neruda, "y es que me he fabricado una tradición poética en el lado que no es mi manera de hacer la poesía, porque en estos presupuestos distintos a los míos es donde aprendo". Y en cuanto a la tradición extranjera, habló de los franceses Verlaine, Rimbaud, y se acordó del poema 'La muerte de los amantes' de Baudelaire, que Margarit recitó una vez a su peluquero, francés, quien era ajeno a la existencia de su autor.

¿Y cómo se manifiesta un poema en la cabeza? "Yo creo en la inspiración. Los poemas están en el mundo y hay que localizarlos, como a las setas. La cosa está en llevarlos al papel para devolverlos a otra frente que está no sé dónde", confiesa Margarit. El lector para Luis Muñoz nunca ha sido un conflicto, "porque busco a alguien que sea como yo, que busque en la poesía lo que yo busco, con quien pueda comunicarme con fuerza y que reciba mi obra como un regalo".

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