Arquitectura · La belleza intangible

La vida en bici

"La tolerancia requiere el mismo esfuerzo del cerebro que el mantener el equilibrio sobre una bicicleta" (Helen Keller, escritora y activista americana).

La tolerancia es algo que se aprende y ya no se olvida nunca. Mantener el equilibrio en una bici tampoco. El equilibrio, palabra que a los amantes del fútbol les será muy familiar en estos tiempos, es la base de las relaciones con nuestros semejantes, y mucho más importante, con nosotros mismos. Para montar en bici necesitamos equilibrio. Para mantenernos vivos sobre una bici necesitamos la tolerancia de los demás, quienes a veces miran desde sus confortables automóviles con caras de pocos amigos. A veces ni miran, que es peor porque no nos verán y puede que casi nos atropellen. Y sin el casi.

Pese a los peligros que se corren, la vida en bici es bella. La bicicleta en una ciudad como Jerez es el vehículo ideal para desplazarse. Es cierto que algunos barrios se encuentran al otro lado de un importante desnivel, pero la mayor parte de la ciudad se desarrolla en un plano sensiblemente horizontal. La relación entre las dos partes en distinto nivel se solucionaba en un antiguo plan de movilidad que las crisis detuvo, pero que quien sabe si en el futuro se podrá retomar. Entretanto tendremos que salvar ese obstáculo como mejor se pueda, aunque no estaría mal que las bicis pudieran entrar en los autobuses, al igual que lo hacen en los trenes.

Los resultados de una encuesta realizada por una de esas organizaciones que defienden el uso de las bicis como medio de transporte urbano son concluyentes: "Más felices, más sanos, más activos…". Además las cifras hablan por sí solas: un 89% afirmó que tenía mejor humor, sobre todo en el trabajo; un 66% confesó que la relación con su pareja se había visto beneficiada y un 15% relacionó su éxito laboral con la bicicleta.

En bicicleta los desplazamientos por la ciudad son relativamente breves y se llega a cualquier lugar en poco tiempo. La sensación de libertad, el sentir el aire en la cara y el saber que estás utilizando correctamente tu energía son pequeños tesoros que habíamos olvidado en los cajones de nuestra infancia. No se pierde ni un segundo en atascos o en buscar aparcamiento, no genera humos ni ruidos. Y no se pierde el contacto con los demás, gracias a que se conduce, salvo los que van como motos, a una velocidad adecuada al ritmo de nuestro corazón.

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