La zambomba del siglo XXI

  • La Peña Flamenca La Buena Gente ofrece en el Villamarta una elaborada versión de la Navidad Flamenca, sobrada de originalidad pero carente de villancicos tradicionales

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Si alguien esperaba el pasado viernes en el Teatro Villamarta una zambomba tradicional se equivocaba, más bien asistimos a los que puede denominarse 'Zambomba del siglo XXI'. Sin merecer si es mejor o peor, lo cierto es que la trabajada propuesta de la Peña Flamenca La Buena Gente, con el locuaz Luis Carrasco al frente, no dejó a nadie indiferente. E incido en lo trabajada porque sobre las tablas del coliseo jerezano se comprobó que detrás del nutrido grupo de cantaoras/es y músicos había horas y horas de ensayos, un detalle significativo y gratificante, sobre todo si comprobamos que la media de edad de los allí presentes no iba más allá de los treinta años. Para que luego digan que la juventud no se moja...

Circunstancias al margen, la Navidad Flamenca tuvo una buena dosis de originalidad y creatividad pues gran parte de los villancicos realizados eran de cosecha propia. Evidentemente, porque las nuevas generaciones de Santiago así lo han querido, todos ellos irradian ese halo de fusión y música actual que ha calado hondo en el barrio y que en cierta manera ha arrinconado a lo tradicional (menos mal que de soniquete y el compás están sobrados). Sin poner excusas a nada de ello, porque la calidad de las interpretaciones y las propuestas preparadas tuvieron casi todas un bonito contenido, el único handicap con el que tuvieron que luchar fue la escasa inclusión dentro del programa de villancicos clásicos.

Aunque pueda parecer un tópico, el público que cada año acude a Villamarta a ver la zambomba de la Federación Local de Peñas busca eso, cobijarse en tonadas y romances de antaño, sólo eso. Por eso, sobrecargar el repertorio con propuestas novedosas (sólo la Peña Terremoto fue capaz de superar este difícil reto) acaba por enfriar el ambiente.

El dato más objetivo fue que durante toda la noche, sólo el popurrí por bulerías con el que se abrió el espectáculo dio cabida a los villancicos populares. Ahí y al final de la primera parte, cuando las falsetas de Parrilla interpretadas por Fernando Carrasco, Jesús Madriles y Nonito Jero, magníficos durante toda la noche, dieron paso a aquel mítico 'Ya se van los quintos, mare', que el público acogió con entusiasmo. Hasta entonces, los intentos de ambientar el patio de butacas por parte de algunos de los artistas fueron en vano, pues el público tenía claro lo que quería.

Desglosando las más de dos horas de duración, quizás la primera parte resultó más entretenida que la segunda, en la que las apariciones de los artistas invitados ralentizaron el desarrollo. No obstante, las aportaciones grandiosas de Diego Carrasco y sobre todo de El Bo, un genio de la gracia y la improvisación, consiguieron levantar las palmas por bulerías en el Villamarta, rendido ante tal derroche de talento.

El Bo fue el encargado de romper el hielo tras el breve descanso y lo hizo sin ningún tipo de artilugio, sólo con su ingenio. Se marcó un par de letras por bulerías a compás, y ante la sorpresa del público, las luces del teatro se encendieron para que los artistas desfilaran por el patio de butacas hacia el escenario, otro detalle, sin duda interesante. Diego, por su parte, recurrió a un villancico eterno, El Tamborilero, para darle su toque personal y poner de manifiesto la grandeza de Jerez. Si hace unos días escuchábamos a un jerezano, Ismael Jordi, interpretar este villancico con delicadeza y señorío, el viernes comprobamos la capacidad cameleónica que tiene el Tate para dar la vuelta a las cosas. Por bulerías y añadiéndole su impronta lo bordó. "¡Qué grande hijo!", se escuchó en el anfiteatro.

Antes de todo eso se vivieron instantes preciosos, en parte gracias a las voces privilegiadas de jóvenes como Fania Zarzana, La Junquera, Manuela Carrasco, Tomasa Peña, Tere del Morao, Dolores Carrasco, Carmen Fernández, La Junquerita y Felipa del Moreno. De todas, sobresalieron los villancicos de esta última, un portento de modulaciones (no me canso de repetir que no aprovecha el talento que posee), como también lo hicieron los interpretados por La Junquera y La Junquerita, dos metales simétricos, o la fuerza de Manuela Carrasco y Fania Zarzana.

 En el apartado masculino, Joselete estuvo a su altura habitual, es decir, inmenso (porque todo lo que ejecuta lo hace con un estilo propio), Maloko sigue atrapado, por desgracia, en los sones de su tío Sorderita, Juan de la Morena nos sorprende cada día con esa velocidad para meter a compás cualquier cosa (con lo difícil que es), y José de la Melchora llamó la atención con un atrayente villancico por bulerías adornado con tintes de abandolaos. Este fue un apunte más de los extraordinarios arreglos musicales con los que contó la velada.  El toque exótico y atrevido lo protagonizó Radio Makandé, artistas invitados, con un eterno 'Zagalillos del monte' amoldado a aires cubanos.

Ya en el fin de fiesta, el Berza revolucionó el cotarro con su pataíta de gracia, el Tate ironizó por bulerías con el Papa y su empeño en quitar a la mula y el buey,  Fernando Jiménez puso el  garbo y la flamencura en el baile y José Gálvez y Mara Rey, invitados de excepción a este final, se reivindicaron con sendos replantes.

Quizás en todas estas líneas no hemos hablado del instrumento como tal de estas fechas, la zambomba. No, simplemente porque forrada con unos flamenquísimos lunares blancos con tela de fondo rojo, se llevó todo el espectáculo en una esquina sin que nadie hiciera uso de ella. Una lástima.

Como pregonaba una de las letras del villancico 'Santiago, barrio de gitanos/ zambombas y cordero/guitarra en la mano; Santiago, barrio de gitanos/un niño que nace/ nosotros añoramos...Qué siga la fiesta.

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