Análisis

Fernando Taboada

Arturo Pérez Reverte

Ya lo decía Valentina Tereshkova: no es verdad que desde el espacio se vea la Muralla China; lo que sí que se escucha perfectamente es la Feria de Jerez, que yo no sé cómo la gente no acaba allí con una camisa de fuerza.

Sin entender muy bien de dónde sacaba esta mujer que aquí no acabamos con una camisa de fuerza, lo cierto es que, con la música a todo trapo, hablando a berrido limpio para que medio te puedan entender los camareros (y no te traigan tortilla francesa cuando les has pedido una cerveza), lo más natural es que todo el mundo tenga ya una vocecita como la que tenía Vito Corleone cuando contaba un secreto.

Por eso mismo, por lo del alboroto, preferí traerme a dar un vueltazo a Pérez-Reverte, que se calienta rápido, charla por los codos y no es como Jesús Quintero, que habla como cuando hay un apagón.

Discutiendo precisamente sobre el jaleo que se monta, me contaba Arturo cómo él, que ha sido tantos años corresponsal en zonas de conflicto, ni cuando le tocaba retransmitir un bombardeo recuerda haber presenciado un estruendo como el que se forma en una caseta a la hora de la siesta. Entre las sevillanas, que muchas veces son como una réplica del terremoto de San Francisco, las ambulancias, la megafonía apocalíptica retumbando desde la zona de los cacharritos y esos tambores que llevan normalmente los rocieros pero que dejan en ridículo los tambores de guerra que aporreaban los apaches cuando estaban cabreados, me quedé con las ganas de conocer la opinión de Pérez Reverte sobre ciertos temas de actualidad.

Le estaba preguntando por la manifestación antitaurina que hay convocada para el sábado, por lo que piensa del festival de Eurovisión y sobre lo que pediría de comer en esa caseta donde sirven tortillas de patatas sin huevo para el público vegano. Pero como si nada:

-Mira, hijo, no sé qué me estás queriendo preguntar, pero me da lo mismo: este es un país de soplapollas y, si te digo la verdad, aquí el único que falta es Robert Duvall recordando a la tropa que le encanta el olor del napalm por las mañanas.

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