Tribuna libre

Francisco Fernández García-Figueras

Carlos Ayala, la Contessa Arborius Melo de Santelía, y aquel abrazo

Ese vivo pensamiento, esa creatividad, Carlos, te han dado ese sueño de inmortalidadPréstame tu pincel para escribir esta breve sentencia: "Carlos eres un genio"

Hace años , ya muchos años , éramos jóvenes. Teníamos nuestros grupos de amigos, aquellas pandillas que conformaron los primeros años de nuestras vidas. Todo era un mundo de proyectos y de ilusiones, salpicado de múltiples anécdotas, que eran reflejo de nuestras formas de ser y de aquella expresión tan distinta de la personalidad de cada cual.

Miguel García de Luján, Javier Sánchez Ruiz-Constantino, Adolfo González Orihuela , Cristóbal Romero Girón, mi primo Nono García-Figueras, Fernando Martel y nosotros dos, Carlos, éramos inseparables. Cada uno con metas diferentes y con pensamientos diversos, pero fundamentalmente amigos.

Yo hoy recordándote, Carlos, no quiero hacer un análisis curricular de tu carrera artística ,quiero divertirme contigo quedándome con tu bohemia, tu agudeza de pensamiento, tu creatividad, en suma con el Carlos Ayala que fuiste, totalmente diferenciado y único.

Cada uno de nosotros contaba cosas corrientes de su vida pero tú, Carlos, sin ser un mitómano, ni con ocurrencias delirantes, tratabas siempre de empatar. Un día estábamos todos muy atentos oyéndote contar aquel viaje que hiciste a Italia donde conociste a la Contessa Arborius Melo de Santelía y en el Alfa- Romeo descapotable de la dama os movíais por las stradas italianas cuando un trágico accidente puso fin a aquel idílico viaje en el cual tu resultaste ileso (ya apuntabas tu pensamiento tan daliniano de ser inmortal) pero la Contessa moría en tus brazos siendo sus últimas palabras : "Carlo, ti amo".

Los comentarios nuestros a aquel relato trascendente: "¡qué arte!", "¡qué gracia!" ". Y a renglón seguido todos muy ordenadamente sacábamos del bolsillo nuestros doblados pañuelos y los colocábamos sobre nuestras cabezas, señal inequívoca en Jerez de que asistíamos a una trola, a un camelo.

Tu enfado ante aquella unánime incredulidad te hizo coger un enfado morrocotudo y la verdad es que a lo largo de nuestras vidas durante muchos años, el tema de la Contessa era recurrente y tú con cierto desdén nos decías: "Sois una mancha de catetos". No teníamos esas experiencias existenciales de hombres de mundo. ¡Qué le vamos a hacer!

Esa fantasía desbordada, ese vivo pensamiento, esa creatividad, Carlos, te han dado ese sueño de inmortalidad que aunque orgánicamente irrealizable lo has logrado en el expresivo mundo de la pintura . Tú huías de lo gris como una premonición , ya que el vivo color y el trazado duro te han abierto los caminos de la gloria.

Tantas vivencias juntos, un anecdotario tan rico, que fruto de nuestra vieja amistad guardo el mejor de tus recuerdos. Una noche, hace ya casi cincuenta años, estábamos en el Parque, en la Verbena de la Prensa, cuando me dijiste : "Vamos a mi estudio que te voy a pintar". Nos acompañaba Angelita Sánchez de Alba.

Los tres en tu estudio, frente al horno de Hermida, y en aquel rincón, que tú habías convertido en trasunto del arte, escoltado por los mejores doradores de Jerez, Manolo y Rodrigo Daza, y con un punto de reunión, La Valdepeñera, esquina con Juana de Dios Lacoste.

Me sigo emocionando, recordando aquella noche de silencio, sentado en una silla, frente al revés de un gran lienzo apoyado sobre un caballete donde tú, con esa seriedad trascendente del artista me mirabas y dabas un paso adelante con el pincel ante el gesto de asentimiento de Angelita. Me dijiste que no me moviera, que ya me dirías cuando podía asomarme a ver tu obra.

Pasadas unas horas me levanté, me acerqué a ti, y viví unos momentos de honda emoción cuando me encontré con la realidad mi retrato. El retrato que de mí había firmado Carlos Ayala.

Me acuerdo, Carlos, de aquel abrazo que nos dimos porque en tu obra estaba toda una vida de amistad, todo un conocimiento profundo de mi persona. Allí estaban mis rasgos, mis manos, mi cabeza pensante. Lograste , Carlos, un retrato de mi cuerpo y también de mi alma.

Hoy, Carlos Ayala, artista, bohemio, creador, dejáme que repita aquel inolvidable abrazo y préstame tu pincel para escribir esta breve sentencia: "Carlos, eres un genio".

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