Opinión

fran pereira

EL Centro Andaluz de Documentación del Flamenco

Desde que comencé mi andadura profesional vinculada al flamenco he sido un habitual del Centro Andaluz de Documentación del Flamenco, donde siempre he recibido un trato exquisito por parte de todos y cada uno de sus empleados. Siempre he defendido que esta joya, porque así la he calificado alguna vez, no se valora como tal en esta ingrata ciudad en la que vivimos.

La última situación que le afecta, la de su traslado a la Plaza Belén, una decisión a la que se oponen muchos, incluidos nombres que durante años han trabajado y compartido codo a codo vivencias y experiencias con esta institución, es un ejemplo más de ello.

Desde aquellos primeros años de vida con Calixto Sánchez, donde todo parecía funcionar como se esperaba, aunque más de una vez el cantaor vio cómo los presupuestos asignados luego no llegaban, el CADF ha vivido sinsentidos constantes, muchos de ellos incoherentes con los objetivos para el que fue creado. Así, durante los últimos años no sólo hemos asistido a la designación de directores de dudosa vinculación al flamenco, por no decir ninguna, además de otros sí vinculados pero con nulo potencial para desempeñar un puesto de estas características. Lo peor fue aquel director fantasma, el tal Luis Guerrero, que durante tres años de años estuvo nombrado como tal sin que nadie supiera de su existencia.

El día a día de hoy tampoco ha cambiado mucho, pues estamos ante una entidad descabezada desde 2012, cuando su última directora, Olga de la Pascua abandonó el cargo. Desde entonces, su dependencia ha pasado por el Instituto Andaluz del Flamenco y ahora por la Delegación Territorial de Cultura, casi como si nadie quisiese tenerla a su cargo, como si fuese un estorbo.

Sin embargo, y pese al poco cariño recibido por las altas esperas autonómicas, el CADF desempeña y sigue desempeñando un papel fundamental para todos los que nos gusta y dedicamos al flamenco, ya sea de manera profesional o como meros aficionados. Por eso me parecen injustos los comentarios vertidos hacia su personal cuando se habla, más si cabe desde las instituciones, de que el tiempo de espera para llevar a cabo cualquier gestión es, como mínimo, de dos horas. Si lo que buscan es desprestigiarlos para convencer a la gente de pie de lo necesario que es el cambio a la Plaza Belén, creo que no es la mejor manera, ni la más elegante, porque si por algo se ha destacado siempre la gente del CADF es por su eficiencia y compromiso, pese a no contar con los mejores medios. Y si alguien tiene duda, que pase por allí y si no, que miren los cientos de libros que anualmente se publican en nuestro país sobre el flamenco, estoy convencido de que en un porcentaje altísimo, por no decir todos, tienen en sus páginas un agradecimiento a esta institución.

No creo que una ciudad como Jerez, que necesita a día de hoy el propósito de todos para salir adelante, necesite usar una política del desprestigio hacia una de las entidades, el CADF, que mejor vende nuestra tierra.

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