Análisis

Manuel Moure

Fitur, leyendas y certezas

En sus mejores tiempos la Feria Internacional de Turismo de Madrid era conocida como 'Fritur', tal era la cantidad de concejales novatos que se reunían en los pabellones de la muestra para dar buena cuenta del croqueteo rondante. Conforme pasaban los años -y le iban tomando medida a la celebración- los días de estancia se prolongaban y los servidores de lo público aprovechaban para 'arreglar' asuntos en la capital del Reino tanto antes como después de que su ciudad se hubiera llevado su ápice de gloria en los breves minutos de presentación. Fitur, a qué negarlo, es importante pero lo es de forma global. Los expertos acuden a la misma para ver las últimas tendencias, destinos que se les hayan podido olvidar, hallar nuevas formas de lanzarnos a todos en brazos de ese placer que es viajar... Para ir a Fitur hay que hacerlo con otros. No vale ir solo. Es demasiado arriesgado jugártela en un lugar donde la competencia crece como las lúas tras una noche de lluvia. La unión hace la fuerza y esta muestra es una de sus más firmes demostraciones.

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