Solamente hay que fijarse cuando se reúnen en un pequeño espacio -póngase un bar de copas- de que los más jóvenes y los que no lo son tanto tenemos una sensibilidad mimética hacia las mismas prendas de ropa o los mismos peinados. El varón a la moda lleva hoy el pelo cortito por los lados y un tupé más o menos cuidado por arriba, camisetas largas o con estampados, pantalones de tiro muy bajo y un collar con plaquitas al estilo de los militares en combate. Las chicas, en cambio, llevan el pelo alisado y el flequillo cayendo casi hasta las cejas, estampados florales o predominancia de color mostaza. Quizás espera el lector que en este punto del artículo critique esta estética predominante, pero no. Siempre ha habido modas y la de hoy en día no es diferente. Hubo otras en la que se seguían tres o cuatro formas, procedentes de las 'tribus urbanas', desde rockeros melenudos hasta pijos que entraban por los ojos a las abuelas. Lo importante es que la moda no eclipse la conciencia de uno mismo. Y eso no tiene que ver con la ropa y el peinado.

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