Desde el Areópago

MIGUEL ÁNGEL MONTERO JORDI

La Pasión según... tú

Mírale a los ojos, abre tu corazón y déjate lavar amorosamente por Él tus pies cansados

Hoy que comenzamos el Domingo de Ramos y con él la Semana Santa, vamos a conmemorar la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. ¿Qué sentido tiene recordar esos acontecimientos? Pues mira, de la misma manera que tú y yo tenemos nuestra propia pasión, nuestra propia muerte y nuestro ardiente deseo de resucitar a algo nuevo cada día, el Señor quiso vivir una dura pasión y muerte para acompañarnos en nuestro dolor, para hacerse cercano en nuestra propia pasión y para curarnos de las heridas del pecado y nuestras debilidades que nos quitan la alegría y la felicidad día a día. Si Jesús no hubiese tenido su pasión y su muerte dura y violenta, ¿con qué autoridad podría hablar a los crucificados y doloridos de la tierra? El Señor sabe lo que es sufrir, lo que significa que los tuyos te abandonen en la dificultad, sabe lo que es un juicio injusto después de hacer únicamente el bien por donde pasaba, sabe lo que es el desprecio, la burla, la traición, los azotes, sabe lo que es una muerte lenta, dolorosa e indigna, sabe lo que es guardar silencio ante las amenazas de los poderosos, sabe lo que es sudar sangre por sentir un miedo y una tristeza mortal. Ahora sí, ahora sí que puedo acercarme a Jesús, ahora sí que puedo no solo escuchar la pasión según los evangelios en la Iglesia, sino que puedo contarle al Señor mi propia pasión, la pasión según (y pon tu propio nombre).

Me quedo con una escena: Jesús con los dos ladrones, junto a la muerte y el dolor de aquellos dos sinvergüenzas, Jesús se pone en medio de ellos, no los abandona, y en medio del llanto, la sangre y la muerte, Jesús proclama la esperanza de una vida nueva después de la muerte y la pasión. Jesús derrocha perdón y misericordia en esos momentos. Dijo ese ladrón una hora antes de morir: "¡Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino!". Y Jesús le contestó la gran noticia a escasos minutos de morir: "Te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el Paraíso". Una hora de mirada humilde y sincera al Señor le valió a ese hombre para entrar en el Paraíso. Mira al Señor en estos días desde la cruz de tu dolor, de tu pecado, de tu sufrimiento, de tus heridas y ten por seguro que al lado de tu cruz está también el Señor prometiéndote el Paraíso y resucitar a una vida nueva, si te abrazas a Él con humildad y sincero corazón.

En estos días, cuando celebremos el Triduo Pascual en nuestras Iglesias (ya que la Semana Santa se vive auténticamente en la Iglesia y no sólo en las calles de la ciudad) o cuando pase una imagen del Señor en uno de nuestros maravillosos pasos de misterio, mírale a los ojos, abre tu corazón, déjate lavar amorosamente por Él tus pies cansados de caminar por la vida y cuéntale tu propia pasión y resucitarás a una vida nueva.

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