A RIENDA SUELTA

Pablo Fdez. Quintanilla

Poli bueno, poli malo

T ANTO se ve en las películas que tiene una musiquilla esta expresión como de refrán: poli bueno y poli malo, como todo en la vida. Me gustaría por un momento pararnos a pensar en todo lo que conlleva esa profesión. Existe un riesgo para la vida que quizás no siempre se traduce en muerte, pero sí en lesiones, por ejemplo. Como periodista me ha tocado presenciar en alguna ocasión más de una escena escabrosa de esas que te remueven las tripas. Me las he visto también alguna vez en una situación en la que he sentido el miedo de que algo malo suceda. Y en todos esos casos a los que me refiero, la Policía asumía el rol protagónico: entran en las escenas de crímenes donde a nadie le gustaría entrar, aseguran lo que no es seguro y se la juegan por vocación. Que no por salario, porque ser Policía no está pagado adecuadamente. Los polis buenos ni siquiera son siempre amables. No sé con qué cara entraría yo a trabajar si me las viera donde se las ven ellos cada día. Tanto poli bueno no empaña las acciones de algún poli malo. Que los hay, pero como en tantos lugares.

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