Tribuna Cofrade

sUSANA ESTHER MERINO LLAMAS

En las mismas puertas de la Gloria

Han pasado ya cerca de cuarenta días, desde que las calendas revestidas por la entrada en el tiempo de conversión nos empezaran a llevar casi en volandas a las mismas puertas de la Gloria.

Y es que han sido cuarenta días con sus cuarenta noches, desde que el "Conviértete y cree en el Evangelio" se trocaría en ese toque de llamador que nos llega año tras año a lo más íntimo de nuestra alma y nuestro corazón de cristianos y de cofrades.

Como siempre, pero a su vez con matices distintos que en la mayoría de las ocasiones cuesta explicar con palabras, nos hemos dejado enamorar por ese regusto que nos regala todo aquello que esté compuesto con los ingredientes más excelentes.

Bien es cierto que durante el año, y sería de suma torpeza negarlo, nos encontramos cada vez más inmersos en cuestiones cofradieras de toda índole, desde asuntos con caracteres técnicos y analistas (póngase el caso de "carreras oficiales y palcos" con sus consabidos debates y tertulias), hasta los que abordan temáticas que nos rozan más los sentimientos y las devociones (como puedan ser las salidas extraordinarias o cultos con tintes gloriosos). Pero de lo que sí estamos totalmente seguros es de que nuestra Bendita Cuaresma será por siempre ese inigualable lazarillo que nos llevará de su misma mano a dejarnos envolver por las primeras nubes de incienso que aromarán cada calle, cada plaza, cada rincón; a volver a vislumbrar a lo lejos esas candelerías encendidas de nuestros palios, esos preciosos joyeles que custodian las duquitas negras de nuestras Vírgenes; a estremecernos cuando el frío de la madrugada se rompe con esos soníos de bronce que se derraman de las gargantas con más enjundia flamenca, cuando la sombra de un Crucificado se perfila sobre la pared del Jerez más antiguo; a deleitarnos con los compases de una marcha salida de la incomparable maestría de Don Germán; a ceñirnos con nuestro hábito nazareno y salir camino hacia el templo con las entrañas cuajadas de promesas por cumplir y gratitudes que ofrecer…

Estas cuarenta jornadas las hemos vivido y sentido con los pulsos acelerados como quien espera ansiosamente conseguir su recompensa tras una dilatada espera, como el que aguarda a que llegue la hora de agarrarse a la reja de una ventana para descubrir el rostro de su amor teniendo como único testigo el silencio de la noche, como el que está soñando algo tan hermoso que teme a despertarse de un momento a otro.

Porque no lo olviden, hemos estado inmersos en un idílico sueño con fragancia a flores frescas que han engalanado nuestros besamanos y nuestros cultos; con el rachear del ensayo costalero que se cuela por nuestra ventana en las gélidas noches de enero; con los sentimientos a flor de piel que emanan de los atriles; con la convivencia cofradiera con aquellos que sólo vemos en estos santos días; con el noticiero semanasantero que da rendida cuenta de todo lo ocurrido casi al milímetro en nuestras distintas corporaciones…

Así que sólo queda que le demos las gracias a nuestra Bendita Cuaresma, porque ella es la que nos ha tomado de la mano durante este divino sueño para llevarnos a las mismas puertas de la Gloria.

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