MIGUEL ÁNGEL MONTERO JORDI

¡sal de la oscuridad!

En estos días se conmemora el hecho de la Resurrección del Señor, y se nos invita a poner nuestra mirada de fe en la seguridad de nuestra propia resurrección y también en la de aquellos que nos han precedido y que ya están en la presencia de Dios. Cristo muerto y resucitado sigue por tanto vivo, aquí y ahora, y nos llama a resucitar con Él en nuestro día a día. Hoy habría que recordar a muchas personas que no se puede vivir continuamente en una eterna Cuaresma y que, a pesar de los dolores y angustias que podamos estar viviendo, llega siempre el momento de resucitar y tirar hacia delante con esperanza y alegría a pesar de las dificultades que podamos estar padeciendo.

El encuentro con Cristo resucitado tiene el poder de hacernos resucitar de lo que estemos muertos en vida. Muchos que están leyendo estas líneas , sobre todo aquellos que necesitan resucitar a una nueva vida y a una nueva ilusión de vivir, me preguntarían... ¿Qué puedo hacer para tener ese encuentro con el Señor? Y yo te diría... ¿Por qué se cierran los ojos cuando dos amantes se besan, cuando soñamos, cuando meditamos o cuando nos sumergimos relajadamente a escuchar el susurro del mar o el canto de los pájaros en un paisaje maravilloso?... Cerramos los ojos, precisamente porque en esos momentos de amor, vida y belleza nuestros ojos físicos están ciegos... Solo el alma y los ojos del corazón son capaces de sentir y vivir ese maravilloso encuentro. Con Dios sucede lo mismo. A Dios no se le puede ver con los ojos de la cara ni con pensamientos.

Cierra los ojos, ponte delante de un Sagrario o de una imagen del Señor, abre tu alma y tu corazón, y siente como el Señor, como hizo con su amigo Lázaro enterrado en el Sepulcro, se pone delante de ti que estás metido en la frialdad, la oscuridad y la muerte de tantas situaciones... y escucha como el Señor grita tu nombre y le dice a tu vida: ¡VEN FUERA!... Sal de la oscuridad y de lo que te hace estar muerto en vida y... ¡Vive!

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