hoja de ruta

Ignacio Martínez

Asco

CUALQUIER mala noticia que afecte a los diputados es motivo de regocijo o indignación pública. No está de moda apiadarse de sus señorías. La vieja costumbre democrática francesa o británica del respeto por los elegidos del pueblo, aquí no ha llegado a anidar en el inconsciente colectivo y lo que hubiese prendido se lo ha llevado la crisis. La última comidilla sobre los congresistas es que de los 350 Ipad que les entregaron hace menos de un año al inicio de la legislatura, han perdido unos 30. Instrumentos de trabajo en cuya custodia han tenido escasa diligencia. El propio presidente de la Cámara entiende que la pérdida es "un poquito demasiado alta". Total que se ha decidido no reponerlos a sus descuidados depositarios. Se puede interpretar como un castigo. Y eso gusta a la gente.

Un sociólogo andaluz ha establecido una nueva definición sobre la fractura que se está produciendo entre la clase política y el pueblo llano. Es un sentimiento de asco moral. De repugnancia. Fernando Aguiar, el vicedirector académico del Instituto de Estudios Avanzados de Andalucía, lo explicó en la conferencia con la que la institución abrió el curso académico, según El Día de Córdoba. En una entrevista de Ángel Robles, Aguiar explicaba que antes los ciudadanos no se sentían diferentes de los políticos y que una encuesta del IESA de 2006 desvelaba que una parte significativa de la sociedad aceptaba la corrupción política si le beneficiaba. Lo que ha cambiado con la repulsa moral que ha surgido con la crisis es que la gente se coloca de parte de las víctimas de malas prácticas de los políticos que antes no les repugnaban, como la hipocresía, la traición, el servilismo o la corrupción. De pronto, los ciudadanos piensan que los políticos no son como ellos.

El sociólogo propone como terapia para los políticos que practiquen la transparencia informativa, gobiernen a través de los parlamentos y no con decretos, y dejen de tratar a los ciudadanos como si fuesen ignorantes o niños pequeños. A la gente le fastidia que la engañen. También pensar que los políticos son unos privilegiados que van por ahí con su Iphone y su tableta de última generación, que se pueden dejar olvidada en cualquier parte, porque les dan una de repuesto.

Al pueblo indignado con su situación, Aguiar le recomienda que su reacción sea positiva, a favor de más democracia. Es un riesgo mayor. En la misma sesión inaugural del curso, el director del IESA, Eduardo Moyano, sostuvo que en los estudios sociológicos se percibe un riesgo de fractura por la desconfianza generalizada en las instituciones, en la política e incluso en la democracia. Moyano cree que nos estamos acercando a un punto de difícil retorno. Que en democracia los consensos políticos son importantes, pero mucho más los sociales, que una vez rotos son muy difíciles de reconstruir. Ese es el peligro.

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