Desde el fénix

José Ramón Del Río

"No hay dos..."

SIN tres. Esto es lo que dice el refrán, y convendría que los dirigentes del PP lo recordaran, porque, de seguir así, se avecina para su partido la tercera derrota electoral seguida. Está comprobado el alto coste electoral que supone la división en los partidos, y mientras que en el del Gobierno no se mueve ni una hoja, el de la oposición se enzarza en polémicas internas. Es cierto que lo que más une es la victoria, pero una derrota, como la que acaba de sufrir el PP, debiera servir para sacar la conclusión que, si esta es consecuencia de que la diferencia del número de diputados entre el ganador y el perdedor (16) es muy inferior a la de la suma de diputados que cada partido obtuvo en sólo dos regiones (Cataluña y País Vasco), lo que habría que hacer es mejorar en esos lugares, en lugar de discutir de personas. Las declaraciones de Esperanza Aguirre diciendo que no se presentaría en el congreso como alternativa a Rajoy, pero que no lo descarta, es una forma de desestabilizar, porque no se presenta, ya que sabe contar y, por tanto, que sólo "su Madrid" no le da votos para ganar. Por supuesto que tiene todo el derecho del mundo a presentarse, pero también tiene, como dirigente destacada, la obligación para con su partido y sus compañeros, de "no enredar", como diría Fraga, sugiriendo la necesidad de una alternativa, pero sin atreverse a serlo. Luego, cambia el discurso y plantea un debate ideológico, a fin de que el partido sea más liberal que conservador, cuando el mejor activo del PP es que recoge votos desde la derecha más extrema hasta el centro más izquierda. En la entrevista que le hicieron en TVE un grupo de periodistas, que le tiraron a degüello, estuvo lúcida y hábil, pero, aunque afirmó que votaría a Rajoy en el congreso del partido, volvió a sus ambigüedades. Lo último ha sido pedir elecciones primarias para la candidatura a la presidencia del Gobierno. Lo que sin duda ha conseguido gratis es una campaña de conocimiento -no se si de imagen- a nivel nacional.

La presentación de dos candidaturas será un bonito espectáculo, pero sus resultados prácticos no son buenos a la hora de los recuentos electorales. El PSOE lo experimentó, y acabó enseguida con las elecciones primarias. En lo que entonces era AP se vivió la experiencia de un congreso con dos candidaturas, que fracturó al partido en dos bandos: los "catetos de provincias" y los ilustres diputados del Congreso. Éstos hicieron la vida imposible a la dirección de entonces y la embarcaron en una moción de censura disparatada.

Lo que tienen que procurar los dirigentes del PP y sus afiliados es que no se cumpla el refrán del título, sino se pueda cumplir otro refrán castellano: "a la tercera va la vencida".

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