José Rodríguez Carrión /

¡Que no!

No, por mucho que se empeñe mi amigo, no voy a caer en la tentación de hablarles de la huelga de recogida de basura que comenzó ayer, ni en decirles a quienes metería yo en esa bolsa grande que el gobierno municipal, ejemplo de eficiencia, nos recomienda que utilicemos. Pero es que los acontecimientos han demostrado de forma reiterada que aquel refrán que decía "si no lloras no mamas" es absolutamente cierto. Dejamos pasar la crisis de la vid y nos dieron coba; mientras se reindustrializaba el resto del país a nosotros nos dejaban abandonados a nuestra suerte. En otros lugares quemaban puentes o incendiaban altos hornos e inmediatamente aparecía un plan de arreglo, y nosotros clamábamos por la paz. Ahora no, ahora se ha aprendido que si se da la coña, se pone la ciudad patas arriba y se consigue que la imagen de la ciudad esté ya en todos sitios como ejemplo de hecatombe, las cosas se arreglan y milagrosamente los políticos son capaces de encontrar dinero para arreglar los problemas que antes eran irresolubles.

No, no voy a hablar de la que nos espera cuando la basura se acumule, el olor se extienda, los telediarios vuelvan a abrir con noticias de Jerez y los inversores vuelvan a borrar nuestra ciudad de un mapa en el que ya no estaba. Al final la cosa se arreglará. Eso sí, no sin que lo hayamos padecido y la ciudad esté de pena. Tampoco voy a hablar de la actitud de la Junta, ni siquiera voy a insinuar que si el gobierno fuese del mismo signo la suciedad en los colegios habría sido otra, ni que los servicios mínimos ahora pudieran ser otros. No, no voy a pensar que el Gobierno de Andalucía pueda ser cómplice de que mi ciudad se hunda día a día, solo por fastidiar a un gobierno de distinto signo pero democráticamente elegido. ¡Joé, que las administraciones siguen dándose patadas en nuestro culo!

No, ni siquiera voy a hablar de que alguien ha debido pensar mejor las cosas, ni de que deberían haber dedicado más tiempo a negociar, ni de la manía de unos y otros de convertirnos en rehenes a los jerezanos. No, de eso no voy a hablar hoy… ¡Que no!

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