el cuentahílos

Carmen / Oteo

Bajonazo

Los Toros nos enseñan las claves de la vida. No nos vuelven dóciles, ni indiferentes. La vida y la muerte, el triunfo y el fracaso, el tiempo y el espacio cobran especial valor. La tauromaquia nos descubre que hay que 'parar, mandar y templar' nuestras emociones, que tenemos que encontrar un 'sitio' en la vida, que no hay que confiarse, que hay que saber ejecutar las 'suertes', que los triunfos apenas duran una tarde, que los fracasos nos forman y conforman, que hay que administrar el miedo, que el sufrimiento existe, que con un engaño podemos doblegar a veces las embestidas de la vida. Todo eso.

Los toros con su rito y su estética, con su anacronismo, nos hacen escapar de la vulgaridad imperante, de la zafiedad que nos muestra la televisión, del mundo grosero, inculto y manejable que nos quieren vender.

En la plaza el respetable es respetado y su votación con un simple pañuelo blanco manda, por eso en la plaza no caben ni las coaliciones, ni las estafas políticas. Hay además verdadera libertad de expresión y el público puede abroncar a la autoridad sin miedos.

El toro lucha con la nobleza de su raza y no muere ni de un calambrazo, ni en un matadero, ni en una cazuela hirviendo ni en otros martirios supuestamente dignos para los puritanos.

Un capote es una bandera cultural que aúna a los españoles y desprecia a las ideologías, por eso los políticos lo quieren abolir. El toreo es un arte que genera arte a su vez, hasta tal punto que la historia de la pintura o de la literatura no se comprendería sin esta expresión taurina.

Por eso y porque estoy en contra de las prohibiciones demagógicas, porque sé que los toros morirán pero por otras causas más complejas que los políticos ignorantes desconocen, estoy triste. Me quieren separar de Cataluña y negar mi cultura. Me quieren prohibir allí los Toros, ¿Tienen derecho? ¿Por qué no nos preguntan en referéndum? Nos quieren mansos.

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