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Mejorando lo presente

Ángel Mendoza

Barrio Pútrido

Ahora resulta que los padres de esos niños que han dejado en ridículo nuestro raquítico sistema educativo van a necesitar también una evaluación generacional estilo PISA, pero no para medir conceptos, procedimientos y actitudes, sino para calibrar de qué manera puede haber afectado a sus desarrollos psicológicos el lejano visionado infantil de Barrio Sésamo, modelo, hasta ayer mismo, de cómo tenía que hacerse televisión para niños; añorado programa que puede que marcara algo más que una época. Y es que en Estados Unidos, un país donde un fiscal tapó el pecho de una estatua que representa a la justicia, pocos extremos de corrección política sorprenden, pero aún los hay: el último revuelo se ha organizado con el lanzamiento en DVD de las primeras temporadas de la serie de la rana Gustavo y el resto de la panda. Al empezar el visionado de los capítulos que se corresponden con los emitidos en nuestro país en la segunda mitad de los setenta (hagan cuentas) un presentador da la bienvenida a "la nostalgia" y, a continuación, lanza una erizada advertencia: "Estos episodios están destinados para adultos y pueden no adecuarse a las necesidades del niño preescolar de hoy".

La explicación del aviso la ha intentado dar Carol-Lynn Parente, productora de la serie, y para hacerlo ha elegido el ejemplo del monstruo de las galletas, Triqui en la versión española, al que, por cierto, en el año 2005 los actuales responsables de la serie convirtieron en gran comedor de zanahorias y frutas para fomentar una dieta sana. En uno de esos tempranos episodios Triqui aparece llevando una pipa, que luego se come. "Eso era modelo de un comportamiento equivocado", ha explicado Parente, que cree que hoy no se podrían crear algunos de los personajes originales, como el del muñeco gruñón que aparecía en un cubo de basura: un desaconsejable fracasado social. Los argumentos no convencen a juzgar por el maremoto que se vive en Internet. Abundan las denuncias de excesivo proteccionismo hacia los menores. Y se rechazan interpretaciones recientes que algunos ultraconservadores han hecho del programa: ¿era normal que dos varones como Epi y Blas no sólo vivieran juntos, sino que además durmieran en la misma cama?, ¿era el amigo imaginario del gran pájaro en que se basó la Gallina Caponata efecto de un viaje alucinógeno?, ¿qué había de rasgos pederastas en el adulto que en un capítulo invitaba a una niña a un vaso de leche? O esto otro: ¿de qué botellón se habría escapado el inclasificable Supercoco?

Lo dicho: una urgente y masiva ITV en las seseras, seguramente afectadas por tamaña inmundicia, de los progenitores de los chavalines- PISA. Lo mismo encuentran los responsables políticos de la educación en nuestro país otra explicación surrealista (otra razón de peso) que de sentido a tan desconcertante sinsentido.

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