'El Caso'

Con la Transición el morbo se decantó por el destape y la política

EL Caso fue un periódico que se editó en España a mediados del siglo pasado especializado en contar crímenes y los episodios más trágicos y desagradables que ocurrían por aquel entonces. También fue conocido como "Diario de las porteras" no hace falta explicar por qué. El Caso, aunque no estaba bien visto fue un éxito de ventas desde el primer momento y las malas lenguas decían que Franco era un ávido lector de sus páginas. Se vendieron tantos ejemplares con los crímenes de Jarabo que en agradecimiento le mandaron al criminal una caja de puros a la cárcel por su inestimable colaboración a tan increíble éxito editorial. Jarabo era un niño bien, bastante calavera, sobrino del presidente del tribunal Supremo que se cargó a cuatro personas. Lo pillaron por limpio, porque llevó a la tintorería el traje con las manchas de sangre del crimen.

Por orden de las autoridades, los crímenes publicados se limitaron a uno por número y semana, aunque pronto supieron cómo darle la vuelta a la prohibición, realizando ediciones especiales y monográficos. Periodismo creativo donde los haya para lo feo, escabroso y amarillo de la vida.

Con la Transición el morbo se decantó por el desatape y la política (y eso que aún no habido tomado auge la corrupción) y El Caso empezó a perder lectores que preferían ver en Interviú cuerpos espectaculares muy ligeros de ropa. Muchos estiman que la suerte de El Caso corrió paralela a la evolución de la cultura española y a su desarrollo económico y que fue el germen del periodismo de trinchera que terminó por crear escuela. Y tanto.

Ahora todos los periódicos y medios de información son de porteras y todos nos hemos convertido en porteras que consumimos sin descanso crímenes y las peores fechorías hasta conocer la última de sus miserias. Incluso los altos mandos de la Guardia Civil, cuerpo discreto donde los haya, se ha prestado a la escenificación de la novela policiaca, al morbo del detalle escabroso en plena investigación ante los ojos atónitos de todos los que a la hora del telediario nos estábamos tomando un plato de sopa.

Desfilan por programas de televisión y páginas de periódicos familiares del criminal junto a la familia de la víctima que pide inútilmente respeto. Y todo lo engullimos como un capítulo más de una serie de esas que están ahora tan de moda. El Caso dejó de editarse, pero la cultura española parece ser la misma de siempre. De portera.

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