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La tribuna

Juan A. González Romano

Ciudadanía y educación

EN el panorama educativo reciente, ley tras ley (o, casi cabría decir año tras año, dado el furor legislativo en lo referente a la educación que llevamos ya tanto tiempo sufriendo) se produce un curioso fenómeno. Cuando se abre el debate sobre las reformas y contrarreformas, siempre hay un asunto estrella: el tratamiento de la Religión y sus efectos colaterales (véase la Ciudadanía actual). La casi nonata LOCE proponía una doble alternativa: Religión confesional o Historia de las Religiones (no confesional), como si la historia del hecho religioso no tuviese amplia cabida -no puede ser de otra forma- en el área de Ciencias Sociales, Geografía e Historia. La LOE ofrece la tradicional "alternativa a la Religión", horas de estudio o similares, que recorren el currículo educativo hasta segundo de Bachillerato.

Los que conocieron -y añoran- el antiguo COU, recordarán que en este nivel ya no se impartía la Religión, ni su alternativa. Ahora, en un sistema que mal anda (y ya se sabe que el que mal anda, mal acaba), la enseñanza religiosa -como opción- se mantiene en todos los cursos preuniversitarios. Es curioso, por ejemplo, que la Junta de Andalucía sacrifique una hora de Lengua y Literatura en 4º de la ESO y se mantenga la hora de Religión (o su alternativa, claro). El Informe PISA ha puesto de manifiesto las deficiencias en comprensión lectora de nuestros jóvenes. Pero este estudio valora los resultados de alumnos en 3º de ESO, y qué más da lo que pase en el curso siguiente: ojos que no ven…

Cabe preguntarse hasta cuándo en España estaremos dándole vueltas al asunto de la Religión y la escuela, cosa que ya ha sido resuelta en muchos otros países que deben servirnos como modelo. Eso nos dejaría tiempo para centrarnos en los asuntos realmente trascendentes de la enseñanza.

En la actual LOE, el debate ha girado en torno a la Educación para la Ciudadanía. Miles y miles de páginas se han escrito acerca de esta materia, en la que se cifran todos los primores u horrores (depende, todo depende) del nuevo sistema. Desde quien afirma que con esta asignatura nuestros jóvenes serán perfectos ciudadanos (lo cual suena a Don Bosco, dicho sea de paso) hasta quien lamenta la perversa manipulación de que será objeto el alumnado.

Esta materia que parece resumir en sí misma todos los parabienes (o paramales) del sistema, ¿acaso se da en todos los cursos? ¿Cuántas horas? ¿Tres? ¿Cuatro? Pues no.

Toda esta polémica gira en torno a una materia que sólo contempla una hora de docencia (en 2º o 3º de ESO, dependiendo de la Comunidad Autónoma). Una maría, vamos. No se ha puesto el grito en el cielo (nunca mejor dicho) por cualquiera de los muchos otros dislates de la ley, no. El único problema de nuestro sistema educativo reside en esa horita de marras. Ver para creer.

Y mientras, la nave continúa a la deriva, como manifiestan todos los estudios serios que se elaboran al respecto. Cada nueva ley insiste más, no ya en los objetivos "tradicionales" (que el alumnado aprenda matemáticas, lengua, idiomas, historia, ciencias), sino en la llamada "educación en valores": tolerancia, comportamientos democráticos, espíritu cívico, etc, etc. Nadie discute la pertinencia de estos valores, ambiciosos e imprescindibles, por supuesto. Pero llama poderosamente la atención el sintagma "educación en valores": ¿es que existe otro tipo de educación que no sea en valores? Se trata, a mi juicio, de una expresión totalmente redundante, ya que la educación es, precisamente, la transmisión de valores (dicho de otro modo: la educación, o lo es en valores, o no es educación; no existe "educación en no-valores").

Pero lo más curioso es que parece desprenderse de esta expresión que educar en valores es algo distinto a educar en conocimientos, lo cual constituye un gravísimo error: el alumnado al que se le dice que debe respetar el patrimonio cultural o natural, pero no se le explica -con conocimientos- el porqué de este hecho, acabará no aprendiendo nada: ni conocimientos ni valores. Se respeta el arte o la naturaleza porque se es consciente de su valor. La mente de un alumno que es incapaz de apreciar las cosas (porque no ha adquirido esos conocimientos) no será capaz de asimilar los "valores" porque no tendrá dónde apoyarlos.

Lo mismos podemos decir de la Ciudadanía: se aprende a ser ciudadano aprendiendo Lengua, Matemáticas, Historia, Ciencias, etc. Las materias de siempre son, en sí, medio y fin para alcanzar el resto de los valores cívicos y democráticos. No se es mejor ciudadano por tener una asignatura más en un curso concreto. Eso no es más que un remiendo (y van…) para un sistema que no admite más parches.

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