HABLANDO EN EL DESIERTO

Francisco Bejarano

Contra Darwin

COMO todo lo que aparece en Estados Unidos, el antidarwinismo ha llegado a España. La relación de amor-odio de los españoles con Norteamérica es familiar y con un componente patológico que viene en los manuales de psiquiatría. Nada más anunciarse el ciclo de conferencia para rebatir a Darwin, varios centros docentes lo han vetado. ¿Qué temen? ¿Tan inseguros están de la Teoría de la Evolución que no se atreven a oír ningún argumento en contrario por miedo a que se venga abajo? No se va a venir abajo ni se va a abandonar el darwinismo. Los errores que cometiera Darwin son los propios de cualquier investigador que plantea teorías que cambian la historia de la humanidad. El cuerpo principal de los descubrimientos darwinianos gozan de muy buena salud y no hay peligro de que volvamos atrás. Sus equivocaciones, que las tendrá, las afinaron, y continúan haciéndolo, sus discípulos, como ha ocurrido siempre con las grandes teorías científicas. No se acierta del todo en todo a la primera.

Las naciones liberales herederas del espíritu, hoy casi extinguido, de la Ilustración, no prohíben las teorías elaboradas en contra de otras. En Estados Unidos hay una asociación para defender que la tierra es plana, sin que por ello hayan temblado los cimientos de los programas espaciales. Lo mismo que hay sectas cristianas creyentes en que el mundo fue creado, tal como es hoy, el año 4004 antes de Jesucristo, y todos los fósiles y sedimentos que indican lo contrario son trampas que Dios puso la semana de la Creación para humillar la soberbia del hombre. Tampoco por tener esta fe se tambalea nada. El creacionismo no es lo mismo que el antidarwinismo: el primero va unido a una fe religiosa y el segundo quiere ser sólo un convencimiento científico, aunque los puntos en común de uno y otro sean muchos. La inseguridad en la fe es muy peligrosa en las sociedades avanzadas, porque su compulsión es prohibir y perseguir todo lo que añada dudas a una fe que debe ser monolítica e inamovible.

Las religiones y las teorías científicas no son ideologías, son las ideologías las que se apropian de ellas para su provecho. Ahora el llamado progresismo y la llamada izquierda parecen haber encontrado la Verdad y una fe eterna y, por tanto, hay que romper con el pasado mentiroso por perjudicial y malo. No deben estar muy seguros cuando prohíben y persiguen a los que creen en otra cosa y lo argumentan. Los contrarios a Darwin no creen en la evolución sino en el "diseño inteligente", lo que no implica la creencia en Dios. Puede tratarse de una "singularidad" que aún la Ciencia no ha dado con la explicación. Sea como fuere, si hay personas dispuestas a contradecir a Darwin, se las debe escuchar. La civilización, la cultura y la ciencia no pueden tener miedo de ningún intento de ahondar en la verdad.

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