Esgrima

No podemos permitir que Cataluña se destruya porque la necesitamos

Somos adictos a lo que nos destruye según Dostoyevski que algo sabía del alma humana. Y debe ser verdad porque hay como un regusto sádico en hablar del separatismo sin descanso. Lo último ha sido encontrarle cierta vena erótica (que yo no se la veo por ninguna parte, pero bueno) y llevan toda la semana hablando de la puntita sólo, del gatillazo, de la marcha atrás, en resumen, de sexo reprimido. Una muestra más de lo trasnochado y carca que resulta el independentismo.

En fin, yo ya no puedo más de aguantar reflexiones sobre la secesión partiendo un pelo en tres. Que hagan lo que haya que hacer quienes tienen que hacerlo. Hemos pasado de la desidia a la trinchera, de la negación del problema al dialogo impuesto pero en dos idiomas distintos, de la prudencia a la presión al gobierno para que se deje de rodeos y aplique el 155. Y es que de repente han salido expertos constitucionalistas hasta de debajo de las matas. Me alegra saber que todo el mundo sabe tanto de algo tan puntilloso y complicado de poner en práctica.

Los juegos de palabra en política, lo estamos viendo, son pura esgrima, ese extraño deporte, mitad baile, mitad arte que utiliza para el duelo un sable, una espada o un florete. La palabra esgrima procede del verbo esgrimir y éste a su vez del verbo germánico skermjan que significa reparar o proteger. Quizás por ello hay tanto juego de palabras, para protegerse unos y otros. Aunque aquí estamos llegando ya al amaneramiento. No he visto nunca un portazo más extravagante, más silencioso y cobarde para una declaración solemne. Supongo que a partir de hoy empieza de verdad el problema o la solución, que no lo sé muy bien.

Con Dostoyevski empecé el artículo y con Dostoyevski quiero acabarlo. Pensaba el autor ruso que se requiere muy poco para destruir a una persona: simplemente necesitas convencerlo de que nadie necesita lo que él hace. No podemos permitir que Cataluña se destruya porque la necesitamos. Necesitamos a Pla y a D´Ors. Necesitamos a Marsé y a Mendoza. Necesitamos a Gaudí y a Doménech, necesitamos a Fortuny y a Casas, a Rusiñol y a Nonell, a Dalí. Necesitamos la belleza de Barcelona. Necesitamos sus vinos, su cocina y su espíritu empresarial. Necesitamos la Cataluña grande y cosmopolita que nos asoma a Europa. Necesitamos demostrarle amor y no desdén porque en su grandeza está la nuestra, la grandeza de ser españoles diversos y únicos a un tiempo.

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