Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Europa no se moja

EUROPA es un actor de reparto en el espectacular cambio de escenario que se cierne sobre el sur del Mediterráneo. Cuenta poco. Sumida en sus problemas de económicos y financieros, con un animoso grupo de pesos pluma en sus cancillerías, está sorprendida por la revolución en su patio trasero, en donde todo parecía bajo control. El ruidoso silencio europeo en la crisis tunecina se ha repetido en Egipto. Los ministros de Exteriores de la Unión, reunidos en Bruselas el lunes, han deseado buena suerte al pueblo egipcio. No se han atrevido a pedirle a Mubarak que se marche. No se mojan.

El que sí se moja, en sentido contrario, es Israel. Peres y Netanyahu derraman lágrimas por la caída del dictador de El Cairo. ¡Ojo con el fundamentalismo!, nos dicen, aunque hasta la presente no hemos visto que las manifestaciones sean contra los infieles occidentales, ni contra las antiguas potencias coloniales. El primer ministro Netanyahu lo explica sin pudor: un régimen islamista no respetaría los derechos humanos. Enternecedor. Se conoce que el líder de la derecha israelí cree que Mubarak respetaba los derechos humanos.

Curioso cinismo el de Israel. Presume de ser la única democracia de Oriente Medio, pero no le gusta que sus vecinos voten. Sobre todo si, como en Palestina en 2006, eligen por mayoría absoluta a Hamas. Pero eso no vale, porque los de Hamas son sucios terroristas. La higiene de los terroristas es fundamental para su aceptación. Menahem Begin pudo ordenar el atentado contra el Hotel Rey David de Jerusalén en 1946, con 92 muertos, y recibir el Premio Nobel de la Paz en 1977. Lo mismo cabe decir de Yaser Arafat en el bando contrario. Pero Hamas todavía no está blanqueada, aunque gane limpiamente elecciones. Netanyahu dice sobre Egipto que desea paz, seguridad y estabilidad. Ni una palabra sobre democracia y libertades.

Claro que hay otros sátrapas en la ribera sur del Mediterráneo, que no son de los nuestros. Como la dictadura hereditaria de la familia Assad en Siria, o el régimen del coronel Gadafi en Libia. Socios con Irán en el eje del mal de la era Bush. Pero aun con ellos, las potencias occidentales intentan llevarse bien.

Y de pronto cambia el ritmo del mundo árabe. No es tan extraño si se tienen en cuenta los ingredientes: la crisis, que les ha golpeado más duramente que a Europa; los satélites, que permiten ver en directo desde Egipto las manifestaciones de Túnez; internet y las redes sociales que facilitan el intercambio de información, vídeos o fotos, e invitan a la organización casi espontánea; y Wikileaks, que informó con pelos y señales de los informes de la Secretaría de Estado americana sobre la mafia que tenía montada la señora de Ben Ali en Túnez. Añadan al escenario el deseo de libertad y democracia.

Y Europa, de espectador.

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