Frágil

Frágil es la amistad que se fragua en el árbol de la vida

Es frágil la infancia y frágil la amistad cuando nace en las ramas de un árbol al que se encaraman unos niños que apenas se conocen. Y es frágil la rama misma del damasco viejo que los sostiene en el aire, que les hace sentirse libres, dueños de un territorio propio y un tanto inalcanzable. Después la vida les hará bajarse del árbol y compartir desde la complicidad, pupitre, meriendas y castigos, pero seguirán siendo frágiles porque ningún niño es consciente de su propia inocencia, de su propio poder.

Llegará la adolescencia, y las primeras salidas y la primera copa y el primer amor y el primer beso y el primer desconcierto y el primer desengaño que les harán mantenerse frágiles porque no hay etapa más vulnerable que esa edad imprecisa que provoca mal humor y en la que todo duele o se festeja con desmesura y no se entiende nada. Esa edad en la que el amor y la amistad, por frágiles que sean, lo pueden todo, hasta la devastación.

La juventud vendrá después arrollando un futuro siempre incierto y vendrá cargada de ideales, provocando con su inexperiencia las mayores equivocaciones. Época de ensayos y de errores, de quimeras, e imposturas, de creerse seguros e invulnerables. Sin amistad no hay juventud porque no sabemos divertirnos solos. La mejor época de la vida, máxime cuando ya se ha pasado.

La madurez con su calma engañosa vendrá a decirnos que no nos hemos equivocado en todo pero también nos asomará a los abismos y mayores preocupaciones de la vida. La amistad, más frágil que nunca, habrá crecido en recuerdos y bastará con mirarse para volver a la rama del árbol y al momento iniciático que descubrió a aquellos niños un lugar en el que mantenerse libres, seguros y unidos a pesar del tiempo y las distancias, porque la vida siempre separa. Volverán cuando se vean a repartir las ramas del damasco: la más alta, la más gruesa o aquella otra más flexible y peligrosa; mientras evocan la destreza de cada uno. Incluso recordarán a quién había que empujarle el culo para que alcanzase la rama menos alta o quién se subía de un salto como un gato porque así de acrobática es la niñez y la vida azarosa que los vuelve a juntar una y otra vez.

Frágil es la infancia, la juventud y, la madurez, más frágil aún. Frágil es la amistad que se fragua en el árbol de la vida porque somos frágiles y vulnerables. Porque sólo la fragilidad nos hace alcanzar la mayor grandeza: la de hacernos en los demás.

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