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Hacer 'riski'

Para el Estado, estos niños son rayas en el mar, números insignificantes, bultos que a ratos están vivos y después desaparecen

Prohibido el paso, peligro de caída", advierte un letrero en una valla que impide el paso al puerto, pero que no detiene a los niños que todas las noches lo escalan para hacer riski. No se trata de un selfie extremo, ni de una novatada, ni del spot publicitario Impossible is nothing de Adidas. Hacer riski es colarse en un barco sin ser visto, sin que el detector de latidos delate al polizón ni que los perros lo huelan.

Wahib es uno de los entre 50 y 100 menores de edad de origen extranjero, principalmente marroquíes de entre 10 y 17 años que duermen en las calles de Melilla a la espera de poder abordar un barco, según un informe de marzo de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid. Lograrlo es difícil. Deben escalar la valla y descender con una cuerda hacia el puerto; aferrarse a la parte inferior o sobre la cabina de un camión antes de abordar un ferri; esconderse entre la carga de chatarra o cartón o subir por las amarras a un barco con destino a España. Para superar el miedo, el dolor y el frío algunos esnifan pegamento.

El riski causó, al menos, cuatro muertes entre 2015 y 2016 en Melilla, según la prensa local, incluidos dos menores marroquíes que se ahogaron cuando intentaban alcanzar un barco.

Para el Estado, estos niños son rayas en el mar, números insignificantes, bultos que a ratos están vivos y después desaparecen; son niños y niñas que ya tienen unas siglas para identificarlos, Menas (menores extranjeros no acompañados). Sus padres tienen la desgarradora certeza de que poner a su hijo en una barca de juguete para atravesar el Estrecho o ayudar a que se cuelen en un barco, es la mejor opción para él y para toda la familia. Porque si llegan a España, llegarán al Edén. En la espera algunos viven en cuevas de difícil acceso, frente al mar, y duermen sobre cartones. Otros pernoctan en bancos públicos.

Algo que parece desconocer el Responsable de Bienestar Social en Melilla, que los ha retratado como vagos, maleantes y yonquis; con estas declaraciones se constata la existencia de serpientes en el imaginario Edén.

Soy una raya en el mar / Fantasma en la ciudad /Mi vida va prohibida / Dice la autoridad. / Solo voy con mi pena / Sola va mi condena / Correr es mi destino / Por no llevar papel.

El clandestino, de Manu Chao. Cuesta vivir de espaldas a esta realidad durante más tiempo. ¿O no?

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