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Alberto Núñez / Seoane

Hillary, Obama y Gallardón

Tierra de nadie

Nuestros polémicos 'aliados' norteamericanos, los gringos, hacen bastantes cosas muy mal -como el resto de los mortales- y algunas otras, bien o muy bien.

A pesar de todo y también de todos los parias fariseos que critican a los yanquis porque les queda muy bien en los círculos de su 'izquierda' de cabrales y Moët Chandon. Allí, los ideales ciertamente socialistas -de ningún partido, sólo 'socialistas'- están fabricados con cartón de hamburguesa de McDonalds, al puro estilo industrializado de Detroit; idearios que sólo 'sienten', cuando 'viste' socialmente -cuanto más 'socialmente' y más gente lo vea, mejor-, a la puritita moda de Hollywood, ¡vamos!; los mismos ideales solidarios, populares y liberales que olvidan cuando, de verdad, hay que dar la cara y defenderlos; porque triste y bochornosamente les son mucho más lejanos que el jamón de Jabugo o los canapés de foie. A pesar de todo eso, les decía, los norteamericanos de EEUU nos dan cien vueltas en lo que a democracia se refiere y deberíamos de aprender de quien hace las cosas mejor que nosotros, en lugar de despreciar por despreciar.

Son los ciudadanos americanos, no los partidos y sus intereses, los que escogen a los candidatos que las formaciones políticas presentarán luego a las elecciones generales. Si aquí hiciésemos lo mismo no hubiese sido Almunia sino Borrell el candidato que el PSOE enfrentó a Aznar; ni hubiese sido Zapatero, sino Bono, la persona que nos hubiese gobernado durante los últimos cuatro años; ni sería Rajoy, sino Gallardón, el líder que el PP presentaría para pedir la confianza de los ciudadanos el próximo 9 de Marzo. Pero esto es España y aquí se imita lo que no funciona, se envidia lo que marcha bien y se critica tanto lo uno, como lo otro, ¡paísý!

Dos de los colectivos que más han sufrido la injusticia de la discriminación, los negros y las mujeres, están muy cerca de colocar a uno de sus representantes al frente del país más poderoso del planeta. Para sorpresa de muchos, cabreo de unos pocos y envidia de todos.

Aquí, Javier Arenas sigue sin hacerle sombra a Manuel Chaves, pero ni por esas a Rajoy se le ocurre enviarlo a la reserva; ni PSOE ni PP consiguen dar con un líder que sea capaz de ganarles el poder a los nacionalistas vascos del PNV, los secesionistas catalanes chantajean al Gobierno central porque ninguno de los dos partidos de ámbito nacional son capaces de presentar candidatos con posibilidades ciertas; mientras, la vida sigueý y ellos, tan campantes.

No sé lo que pasará en los próximos comicios generales, pero si sé que ninguno de los dos presidenciables es el mejor de los posibles; no sé por qué el 'aparato' del PSOE mantiene como candidato a un inepto patológico, pero si sé que Bono sería un mejor presidente para España; no sé por qué el PP tiene a Rajoy como alternativa de poder, pero si sé que Gallardón conseguiría ilusionar a muchas más personas que él; no sé por qué los políticos no cambian y mejoran la ley electoral, si es obvia la conveniencia y la necesidad de hacerlo, pero sospecho que pueda ser porque -salvo por los votos- les traen completamente al pairo nuestras carencias y dificultades, nuestro bienestar y seguridad, nuestro hoy y nuestro mañana.

Parece que, a los que mandan, no les interesa que nada cambie, para seguir mandando; y a los que quieren mandar, lo único que les preocupa es que sea sólo eso lo que cambie. Cuando están en la oposición, todos pregonan el cambio que, cuando están en el poder nunca terminan de hacer. Cuando mandan, no quieren que nada se mueva de cómo está, con ellos arriba, ¡claro!

Creo que Rajoy ha cometido un grave error al coartar con descaro y de raíz las pretensiones políticas de un hombre con futuro, como es Gallardón. Como si al PP le sobrasen candidatos capaces. Sus listas electorales aburren hasta a las ovejas. Siempre más de lo mismo, se estrellan yý vuelta a lo mismo de siempre.

Parece que no se quieren dar cuenta que la gente pasa de los políticos trasnochados que huelen a alcanfor y naftalina, mostrándose, además, incapaces de transmitir algo que, para el ciudadano, resulta imprescindible y necesario: ilusión.

Claro que si muchos de ellos ni siquiera saben lo que es, difícilmente podrían comunicárselo a nadie.

¿Porqué, al igual que ellos son los que decidirán si será Obama o Clinton; no podemos los ciudadanos, elegir entre Zapatero o Bono, entre Rajoy o Gallardón?

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