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LÍNEA DE FONDO

M. Muñoz / Fossati / Mfossati@grupojoly.com

Homenaje al Gordo Ronaldo

El futbolista brasileño, recién retirado, lucía con poderío y arte su sobrepeso en las canchas

RONALDO, dejémoslo escrito para siempre, sólo ha habido uno. Ha creado escuela hasta en el nombre. Tras de él aparecieron el diminutivo Ronaldinho, el increíble futbolista menguante, y el exuberante Cristiano, que han terminado ganando mucho más dinero que él aunque nunca hayan tenido su peso, literalmente hablando, ni su masa. El peso de Ronaldo, el que no tenía cuando marcó aquel fabuloso gol al Compostela, cuando aún no era del Madrid (ay) y el que identificó su etapa post lesión, a partir de que recalara en el equipo blanco. Gordo le llamaban, pero la mayoría de equipos suspiraban por tener en su plantilla un peso pesado de ese calibre. Para mí era el consuelo de que gente con barriguita podía ser campeona del mundo en algo que no fuera el concurso de comedores de tortillas, y si no que se lo digan a Panchito Puskas, al lado del cual los abdominales de Nazario de Lima son dignos de CR7 acabado de levantar y conteniendo la respiración. Maradona también lucía en sus últimas apariciones una cintura indigna de un atleta, pero aún era capaz de meter goles para su selección que salvaban partidos en un Mundial. Mantener la figura era quizá demasiado esfuerzo para un deportista que se tomaba la profesión con algo más que una disciplina espartana. Cuando Ronaldo atacaba era un tanque el que se echaba encima de las defensas, y yo creo que metía más miedo cuando estaba más gordo. Pero este caso de los gorditos es un síntoma más de que el deporte está reñido con la vida real, en la que los individuos con sobrepeso estamos considerados como aceptables y hasta caemos simpáticos. Si exceptuamos algunos casos: hace un par de años, no me pregunten por qué (ni yo mismo me lo explico), vi algunas retransmisiones del Masters de Augusta (o el US Open, yo qué sé) en el que un auténtico gordo argentino ganó el campeonato. Tendré que hacer caso a algunos de mis amigos, y quizá el deporte de los palos y la bolita blanca sea el que me conviene.

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