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Islamofobia

Para un yihadista no hay ninguna diferencia entre el Rey de España y los políticos anticapitalistas de la CUP

Contra el yihadismo no nos sirven ni las amenazas racistas de los admiradores del Ku Klux Klan, ni tampoco los delirios buenistas de esos progres que se han pasado la vida esparciendo el odio -odio al cristianismo, odio a la democracia representativa, odio a España- y de pronto se ponen a gritar "¡Islamofobia!" cada vez que alguien contradice sus estúpidas justificaciones del yihadismo (ya saben: el capitalismo es el único culpable, o bien el rey por vender armas a Arabia Saudí). ¿De verdad puede haber alguien que se crea semejantes simplezas? Pues parece que sí.

Tenemos ejemplos a manta. "¿De dónde sale tanto odio?", se preguntan estupefactos en Cataluña los mismos que llevan años atizando el odio contra todo lo español (el último, don Antonio Machado), ahora que los yihadistas los odian a ellos por ser herederos de los cristianos que expulsaron a los musulmanes de Al-Ándalus. "¿Qué hemos hecho mal?", exclaman poniendo los ojitos en blanco. Y si alguien intenta explicárselo, empiezan a gritar alarmados: "¡Islamofobia, islamofobia!", como si fuesen vampiros de la Hammer al ver un collar de ajos. Y tenemos más casos. "No usen la máquina de la manipulación", gritan los que hace trece años llamaron a Aznar genocida y asesino.

"No exhiban a los niños muertos en las Ramblas", gritan los que hace un año exhibieron el cadáver del pobre Aylan en una playa turca. "Es culpa de los Mossos", dicen los que no quisieron facilitar información. "No queremos coartar la libertad", dicen los que no quisieron colocar los bolardos en las Ramblas. Y así todo el mundo, como en una comedia del difunto Jerry Lewis, sólo que con quince muertos y cien heridos.

Mal que les pese a muchos, para un yihadista no hay ninguna diferencia entre el Rey de España y los políticos anticapitalistas de la CUP. Ni tampoco entre Rajoy y Puigdemont. Ni entre la derecha neoliberal y Podemos. Ni entre los Mossos y la Guardia Civil. Todos son infieles y todos creen en las mismas aberraciones que deben ser extirpadas de la faz de la tierra. Todos son cruzados cristianos culpables de haber expulsado a los musulmanes de Al-Ándalus. Pero nosotros seguiremos empeñados en ponernos la zancadilla.

Y seguiremos gritando "¡Islamofobia!" cada vez que alguien contradiga nuestro iluso buenismo. O seguiremos reclamando los métodos del Ku Klux Klan.

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