Su propio afán

Enrique García Máiquez

Jerez de moda

MIENTRAS la política de la ciudad sale en las portadas por asuntos mucho más turbios, el jerez está de moda. Se siente en aire y en el papel. Y en el celuloide. Se habla mucho de él. Se escribe sobre él. El documental de José Luis López-Linares sobre El misterio del palo cortado es una gozada de la que es imposible salir sin soplarse dos o tres copas de vino, como dicen que pasaba con ese experimento de publicidad subliminal y subrepticia que hizo un refresco, pero yendo López-Linares por derecho, pasando de subconscientes. El palo cortado está dando muy fuerte. Y todo se está notando en las cuentas de resultados y en un repunte histórico en el consumo del vino de jerez. Lo recogía el periodista Rafael Méndez en un concienzudo reportaje titulado "El jerez sale del pozo"; y Pascual Drake en otro: "¿Será el jerez el próximo 'nuevo gin-tonic'"; y José Carlos Román Jabonero también con su "Jerez debería dar las gracias".

Un componente esencial de la sabiduría es mirar a las modas con condescendencia: vienen y van como las olitas del mar, digamos. Cuando un vino tiene 3.000 años de historia ya ha visto pasar, quedarse, volver, revolverse, irse y regresar todas las modas del mundo. Así que el jerez, si ahora se vuelve a poner de moda, como ya estuvo y dejará de estar y volverá a estarlo, debería sonreír y aprovechar el momento para que dure, pero sin darle más importancia.

Nos descubría Ramón Gómez de la Serna que un reloj parado da la hora exacta dos veces al día. Un reloj que adelanta o que atrasa no la da nunca. ¿Quiere esto decir que hay que parar los relojes? No todos, pero el reloj de la autenticidad y del trabajo bien hecho, sí, como una brújula, apuntando siempre al norte. Dará la moda exacta dos veces al siglo, lo menos.

Porque esa es la gran lección de este nuevo interés por el jerez: no se le busca por ninguna innovación, sino por la fidelidad contra viento y marea a una personalidad, a una tradición, a un modo único de hacer las cosas. Vivimos en un mundo obsesionado por las modas y no está mal que alguna moda venga a recordarnos explícitamente que las modas giran alrededor de lo que permanece. Mi padre hizo su discurso de ingreso en la Real Academia de Farmacia sobre el uso medicinal de los vinos de jerez. Muy interesante, tengo que confesarlo aunque no sea un crítico neutral. Quizá ahora habría que añadir otro uso: antídoto contra la fiebre de las modas.

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