El Pinsapar

Enrique Montiel /

Malvina argentinas

RECUERDO -en blanco y negro- a un general argentino, alto, apuesto y borracho llamado Ernesto Galtieri. Hace 30 años, en plena ordalía represora, contemplado por el mundo entero, lanzó a la República Argentina a una loca aventura militar. En Cádiz se diría "por mis cojones". La masa, como ocurre en estos casos, respondió mayoritariamente al reclamo patriótico. Se trataba de recuperar Las Malvinas, ocupadas por los ingleses en el laberinto de su política imperial clásica. Del desarrollo de los acontecimientos conocemos todos los detalles. La primera ministra del Reino Unido, Margaret Thatcher, se alió con el dictador chileno Augusto Pinochet y logró la neutralidad activa (una pamema, como es sabido) de los EE.UU., más la adhesión del mundo que detestaba a esos militare matones que llenaron de horror y dolor a la gran nación iberoamericana, y al mundo civilizado, durante lustros. El teatro de operaciones tendría lugar a miles y miles de kilómetros de Londres pero los pérfidos ingleses de siempre nos hicieron creer a todos que luchaban por el fuero y no por el huevo, por la dignidad de los pacíficos habitantes de las islas y no por las inmensas riquezas que contenía el subsuelo marino de sus presumibles aguas territoriales, que no conocíamos con certeza.

No tengo las pruebas pero sí las certezas de que repartieron el negocio en esos días, con las grandes multinacionales, con los estados que fueran, que mirarían para otro sitio. Con el resultado de haber retardado o imposibilitado el proceso jurídico de recuperación del archipiélago para Argentina para decenas de años o para nunca jamás.

Han pasado 30 años de aquellas infaustas jornadas, en la que hubo muertos y heridos, pero sobre todo hubo una humillación extraordinaria a los argentinos, y ahora una presidenta populista inicia un proceso de recuperación de las Malvinas que elevará su estatura ante su propio pueblo, esconderá los problemas estructurales políticos de la República y, quién sabe, puede culminar en otra triste aventura hacia el desastre. Enfrente, el gobierno inglés entona la salmodia que nos conocemos los españoles mejor que nadie: lo que digan los gibraltareños, que diga: los habitantes de las Malvinas.

La recuperación de la soberanía de las Malvinas es posible que Argentina lo logre si es capaz de sumar a todo el continente en el empeño, o cuando menos al conjunto de naciones iberoamericanas. Con una política coordinada de rechazo frontal al Reino Unido, en forma de boicot comercial, negación de cualquier tipo de relación diplomática al más alto nivel, cierre de los puertos litorales a los barcos que hayan salido de puertos ingleses o lleven pabellón británico. Y, por supuesto, debatir el asunto en la ONU y lograr el pronunciamiento adecuado. La duda consiste en saber si de lo que se trata, de nuevo, es ocultar los problemas de la República.

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