Manuel Naranjo / Loreto

Manolo Caracol

El café cantante

Este año se cumple el centenario del nacimiento de Manolo Caracol y, sin temor a equivocarme, más de una institución o entidad de carácter flamenco propondrá, si no lo ha hecho ya, una serie de actividades en torno a una de las figuras que mejor supo expresar las distintas caras del flamenco de su época . Hombre poliédrico y altamente orgánico en su manera de ser, Caracol desató pasiones con sus modos tan particulares de formular el cante por fandango, reconstruyó la zambra a su manera y semejanza y dotó al cuplé o canción de una jondura hasta ese momento imposible, Caracol fue un iconoclasta porque le dio la gana, no supo de autenticidades y aunque no fue el primero en escenificar el flamenco, si fue uno de sus grandes impulsores , la obra de Manuel Ortega Juárez sugirió un cambio sustancial, intrínseco desde dentro de la propia cultura flamenca, pero paradójicamente estimuló el contacto con nuevas expresiones musicales.

He de reconocer que algo me cansan los centenarios, hay tantos monumentos conmemeorativos que el hecho en sí se banaliza. La flamencología actualmente sólo se puede aferrar a eso, a un pasado costumbrista donde prime la hagiografía del intérprete y no se destaquen los distintos procesos que han vertebrado la vida y la obra de un intérprete determinado, en este caso, Caracol.

Ahora sería significativo y oportuno analizar el supuesto grado de autenticidad de su cante más que hablar de su árbol genealógico, comprobaremos que su universo era esencialmente híbrido, demostrando a todas luces que fue hijo de su tiempo pese a los cánones.

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