CATAVINO DE PAPEL

Manuel Ríos Ruiz

Manolo Vargas, cien años después

CCONSIDERAMOS un grana cierto que los organizadores de la gaditana Aula de Cultura Flamenca, en la que esta tarde intervenimos, dedique se programación a glosar y exaltar la figura de un cantaor histórico, el inolvidable Manolo Vargas, al cumplirse el centenario de su nacimiento. Un cantaor gaditano por excelencia, del que tuvimos las primeras noticias allá en los años cincuenta, cuando nos habló de su arte el también inolvidable Manuel Fernández Moreno, conocido universalmente como Tío Parrilla de Jerez, que consideraba a Manolo Vargas el mejor cantaor de Cádiz en aquellos momentos.

Me dijo Tío Parrilla, que Manolo vVrgas había aprendido los cantes, especialmente todas las cantiñas, de un viejo pariente suyo apodado El Burrirri, que no fue profesional, pero amigo de su padre Juanichi El Manijero. Tío Parrilla había estado en diversas reuniones con Manolo Vargas, antes de que éste ganara, en mil novecientos cincuenta y dos, el Concurso de Cante por Alegrías. Desde aquel momento, desde que Tío Parrilla nos habló así de él, nos interesamos por conocer a Manolo vargas y sus cantes. Mas entonces, Manolo Vargas estaba recorriendo el mundo como componente de la compañía de Mariemma. Le conocimos personalmente después de su etapa en el madrileño Tablao Zambra, cuando actuaba en Villa Rosa, otro famoso tablao de Madrid. Y en mil novecientos setenta, el mismo año de su prematuro fallecimiento, los componente deL jurado de la Cátedra de Flamencología de Jerez, decidimos otorgarle el Premio Nacional de Cante.

Con tamaño motivo publicamos un artículo en el diario "Pueblo", en el que escribíamos lo siguiente: "El compás cantaor de Manolo Vargas es incuestionable. Se trata de un rítmo extraído de un temperamento sacudido por la lucidez artística. Y escuchándole por cantiñas, tientos y tangos, bulerías gaditanísimas, se percibe una hondura en constante moviminto, que eso es la gracia flamenca. Su voz cautiva inmediatamente, tiene algo de magia y en cada giro, incluso en cada recorte, y cuando se queda en silencio todavía vibrando es ejemplo del misterio de un arte atávico por inefable. Manolo Vargas, con estas cualidades intrínsecas y con todo lo asimilado de maestros auténticos de los cantes de Cádiz, ha sabido por intuición y por talante, injertarle a esos estilos, sobre todo a las cantiñas, unos matices tan suyos como valiosos, enriquecedores, que pasará a la historia como un intérprete tan original como verídico".

Hoy, treinta y siete años después, firmamos aquí las mismas palabras, añadiendo que Manolo Vargas es un cantaor en crecimiento, puesto conforme sucede el tiempo más se valora su maestría y personalidad flamenca.

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