Pacheco

Pacheco pervive en la memoria ciudadana

Antes de empezar a estudiar la carrera de Derecho, yo ya me había imbuido del sentido de la justicia del Quijote. Después vendría el ejercicio de la abogacía y el desengaño, pero yo eché los dientes jurídicos con las recomendaciones del ingenioso hidalgo a Sancho para gobernar su ínsula: "Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente, que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo". La compasión es de las pocas cosas que no he perdido en el camino.

No sé si tienen razón aquellos que hablan de trato discriminatorio e injusto con Pacheco. No sé si sus penas son excesivas para responder por su califato. Tampoco quiero hacer comparaciones con otros presos porque, con algunos saldrá bien parado, pero, con otros menos ilustres, no tanto. Sé que ha tenido juicios justos y que las sentencias condenatorias han sido ratificadas por el Tribunal Supremo que no ha estimado sus recursos.

Mientras a Pilar Sánchez la hemos olvidado todos, incluso su propio partido por manifiesto interés; Pacheco pervive en la memoria ciudadana y periódicamente alguien pide clemencia reivindicando sus aciertos, ignorando sus culpas y excesos. Somos así, Pacheco sin Jerez, sin sus promotores, flamencos, cofradías y demás colectivos sociales, que tan bien manejaba, no hubiera podido reinar tanto, ni jugar al monopoli a sus anchas. A todos les encantaba Jerez, hasta llevarlo a la ruina.

Pacheco siempre ha tenido quien le jalee, quien le alabe y quien le perdone sus culpas. Es curioso, todavía da miedo posicionarse en su contra. Es más fácil hablar de injusticia que de estricto cumplimiento de las penas a las que ha sido condenado. Por más que se aclare, se sigue diciendo que Pacheco está en la cárcel por enchufar a unos amigos y no por regalarles el sueldo sin trabajar. Siempre les quedará a sus defensores como mejor argumento Pujol, cuya impunidad convierte en injusta cualquier condena en España.

Pacheco ya no es peligroso ni su estancia en la cárcel apartado de su familia nos salvará de la quiebra crónica a la que nos condujo. Para purgar nuestras culpas tenemos sus obras faraónicas, el casco histórico destrozado y un ayuntamiento insostenible. Yo lo dejaría en libertad, le obligaría a vivir humildemente en una pedanía y a dar todos los días un paseo en autobús urbano por Jerez sin un euro en el bolsillo. Seguro que se reinserta.

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