Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

Piqué se tira al 'pathos'

Kazimierz es un dentista culto que, mientras pedaleamos en las bicicletas elípticas, recuerda los tres pilares de la persuasión retórica según Aristóteles: la autoridad moral de quien hablar (el ethos); la evidencia y sustento material de los propios argumentos (el logos), y el pathos, que es la emoción que damos al discurso para llegar a la fibra sensible de la audiencia. El pathos, convenientemente pervertido con un objetivo más o menos oculto, está muy de moda. Corren de nuevo tiempos de populismo, o sea, de promesas que no es posible cumplir sin ocasionar desastres mayores que lo conseguido. Tiempos de un tipo embuste -bautizado como posverdad- que aprovecha la predisposición de mucha gente a lo emocional, o sea, a preferir al pathos sobre el ethos y el logos: "Dame mentiras, no te cortes".

El futbolista Gerard Piqué lo ha entendido bien. Como lo ha entendido Donald Trump, quien, entre otras cosas, afirma que los servicios secretos de su país lo han espiado por orden de Obama para pringarlo con su supuesta entente con Rusia. Como lo ha entendido Pablo Iglesias al echarse tácticamente a la calle denunciando una trama de jueces, políticos y empresarios corruptos. En ambos casos sin prueba alguna: el logos es para los tristes. Pasando de ethos también: lo importante es la imagen, el twitter y la víscera. Piqué, decimos, se apunta al rollo, y defiende a macrodefraudadores confesos como Messi, o Neymar, tan sólo porque visten de blaugrana. El defensa central no duda, como Iglesias, en inventarse complots y prevaricaciones de los jueces encargados de estos casos, que son según él de un Real Madrid cuyos valores, dice, le repelen. Todo ello sin mayor elaboración ni prueba: todo por el pathos catalanista y culé.

El guapo marido de Shakira, que a veces ha atacado sin razón en su afán de denunciar a una cutre y pérfida España que él personifica en el Madrid, se está convirtiendo en un maestro de la media verdad y la acusación velada. Y no pasa nada. Bueno, quizá sí: que acabará siendo presidente del Barça y quién sabe si de la República Catalana. Que es de lo que se trata. Uno apostaría a que su comportamiento es estratégico; del tipo de aquello de "tomaremos el cielo por asalto" de Iglesias, pero en menos pedante. Y no producto de un sesgo cognitivo insuperable o una paranoia de hincha o de independentista. El sobresaliente pelotero es también, más que un incontinente tuitero y chupacámaras, un marketiniano cuya campaña la paga la prensa y el propio Real Madrid: el sujeto pasivo, valga la expresión tributaria.

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