Manuel Naranjo Loreto

Romances de ronda

CUANDO una grabación de este tipo cae en mis manos siempre me surge la misma reflexión: ¿Somos sensibles ante el quebranto al que se ve sometida nuestra cultura tradicional? Automáticamente surge una respuesta en tono desalentador y amargo.

Es más bien poco lo que se está haciendo por este entorno ya que al ser una cultura viva depende en gran parte de quienes la mantienen. Hoy esos mantenedores son octogenarios, con ellos, irremediablemente, se irá gran parte del saber tradicional. No quiero ser catastrofista, pero hace unos días anduve de encuesta por nuestra serranía. Fue alarmante como mujeres que habían pasado los sesenta años apenas recordaban aquellos romances que pervivieron sin problemas durante unas cuantas centurias.

El disco que hoy traemos a colación se debe, en parte, a la labor de los aragoneses, Mario Gros y Luis Miguel Bajén, quienes desde hace unos cuantos años vienen trabajando en defensa del patrimonio músico-oral aragonés. Este disco está dedicado a una persona, Simeón Serrate Mayoral y una geografía, aquella en la que se enmarca el pueblo oscense de Castejón de Monegros, en él se cuenta con la colaboración en las trascripciones y anotaciones de José Manuel Fraile Gil, quien en el libreto que acompaña nos relata la pervivencia de este género en los cantos de ronda.

La voz de Simeón posee esa frescura de quienes han cultivado el canto sin llegar a academicismos y al estilismo que tanto ha caracterizado a muchos cantores del entorno de la jota en Aragón. Los años no parecen restarle color a su voz y su dicción siempre raya el umbral de la pulcritud, encontrándonos ante un intérprete que se siente cómodo y seguro ante un repertorio romancístico que se caracteriza por utilizar propuestas musicales que se estructuran, esencialmente, sobre narraciones bien desarrolladas.

Otra particularidad de este tipo de canto es que habitualmente se hace acompañar de la gaita de boto, un tipo de cornamusa característica de Aragón. En varios puntos de la geografía peninsular era costumbre antaño que el mismo gaitero fuera el que cantara, oficio difícil, ya que cantar y tocar la gaita a la vez comportaba trabajar en tesituras relativamente altas con el consiguiente desgaste físico del intérprete. El cedé consta de dieciocho cortes, en algunos, Simeón se acompaña a sí mismo y, en otros, la gaita es tocada por Mario Gros.

En cuanto al repertorio que aquí se ejecuta hay que decir que estos romances se suelen interpretar en las rondas nocturnas dedicadas a las mozas pero que en sí resultan una rareza en nuestro romancero tradicional hispánico, teniendo en cuenta que este particular repertorio se ha mantenido invariable a lo largo de cien años, con apenas una incorporación extemporánea. El catálogo romancístico se destaca por sostenerse sobre dos elementos harto característicos en esta tradición lírica: el amor y el agua. Un soporte lírico en los que cortejo y galantería se unen a las antiguas tradiciones paganas, el culto al liquido elemento.

La segunda parte del registro está dedicada a las despertaderas, cantos de auroras que los monegrinos interpretaban al amanecer para convocar a los vecinos a rezar el rosario de la aurora, acompañados con gaita, guitarra y pandereta.

La última parte corresponde al dance, que es como llaman en Aragón a los pasacalles. Se suelen interpretar con variadas mudanzas y coreografías, en este caso se danzan en parado y con unos palos. Tanto los pasacalles como las mudanzas poseen letras mnemotécnicas con contenido diverso en los que no falta los de temática religiosa.

Nos hallamos ante una propuesta sonora muy bien grabada, cuyo contenido se estructura de manera didáctica: enseñar estos valores de nuestra cultura tradicional es más que una obligación, un derecho, así que si hay gloria, que la hay, en este proyecto sonoro-documental que sea para todos. Enhorabuena.

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