Francisco Bejarano

Santa Anastasia

Asanta Anastasia (su fiesta es mañana) la han quitado de los santorales oficiales por sospecha de que nunca existió, pero yo no tengo por qué quitarla del mío, escrito precisamente para destacar santos legendarios. Con los problemas que hay en el mundo a los que dedicarles tiempo, no entiendo bien el empeño de la Iglesia en suprimir santos con leyendas llenas de imaginación y de belleza, por un deseo de realismo que la ha afeado tanto y le ha quitado misterio. Con advertir que un santo es legendario bastaría. Santa Anastasia lo es por varias razones. Hay tres Anastasia: la de Sirmio en Dalmacia, la de Roma y la de Constantinopla, las tres mártires, con distintos martirios, de principios del siglo IV. Durante la Edad Media se fueron entrelazando las leyendas de las tres hasta quedar en sólo una; pero como las reliquias estaban en las tres ciudades, nunca se supo cuál era la verdadera.

La de Constantinopla parece una confusión con el nombre de la iglesia de la Anastasis (de la Resurrección de Cristo en griego) donde era venerada. Las reliquias de Dalmacia, según una leyenda piadosa, fueron trasladadas por el patriarca san Genadio a su sede de Constantinopla en el siglo V. En el siglo VI se construye en Roma la iglesia de Santa Anastasia para contener el cuerpo de la tercera santa, que es la única con algún viso de haber existido. La Iglesia la ha borrado de su lista de santos no obstante ser patrona de Zara, en Dalmacia, patrona de los censores de libros, venerada en Alemania, Italia y Rusia y en toda la cristiandad, con numerosas iglesias bajo su advocación y hermosas obras de arte que la representan, entre las más famosas el políptico de Carpaccio de la catedral de santa Anastasia de Zara. No le han valido los ricos relicarios, las pinturas y esculturas frutos de la devoción.

La leyenda principal de la santa es común a las tres. De familia patricia y dotada de gran hermosura, el prefecto de Iliria intenta violarla y queda al punto ciego. Lejos de arrepentirse ante el castigo divino, tal era su perversidad, la abandona en un barco desmantelado y haciendo aguas lleno de delincuentes comunes condenados a muerte. Los ángeles llevan la nave a tierra cuando está a punto de zozobrar. No acaban aquí sus penalidades. Es detenida y martirizada cruelmente, martirios que no voy a relatar por parecerme de mal gusto, en especial un día de Nochebuena. Muere al fin en la hoguera, decapitada o crucificada, según de qué Anastasia se trate. Aparte de llevar los símbolos del martirio, se la representa con una caja de ungüentos en la mano, por lo que está asociada a los santos anargiros (médicos que no cobraban por sus curas). Aunque no cuente ya entre los santos, no va contra la fe invocarla en las devociones privadas.

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