A rienda suelta

Arantxa Cala / Acala@diariodejerez.com

Terciopelo verde

¿QUIÉN es el dueño de esta pocilga? Esta es la pregunta que se hizo Clint Eastwood, en la magnífica cinta 'Sin perdón', cuando entró en aquel tugurio de Big Whisky. La misma que nos deberíamos haber hecho muchos treinteañeros, a comienzo de los 90, cuando eran sagradas las fiestas de fin de año, organizadas de aquella manera, en locales bastante cutres de las afueras, y que encima costaban una pasta. Entonces, no nos parábamos a pensar que llegábamos al sitio en cuestión entrada la madrugada, obviamente, y que pocas horas después tocaba regresar. Había que amortizar el dinero invertido a toda costa, así que los cubatas entre pecho y espalda no eran pocos. Te llenabas, además, los tacones de barro, y esos vestidos espantosos... -no sé cómo pude ponerme aquél de terciopelo verde-. En fin. Las modas. Y me viene todo esto a la memoria por el bajón que han pegado los cotillones: un 80% menos que hace seis años. Menos mal que ahora están más controlados. A pesar de todo, divierte recordar.

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