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Hablando en el desierto

Francisco Bejarano

La Tierra

NUNCA hubo tanta preocupación por el porvenir de nuestro planeta, ni tanto empeño en encontrar planetas extrasolares por si alguno sirviera para una mudanza de la humanidad. El Día Internacional de la Tierra es otra de las muchas jornadas anuales instituidas para llamar la atención sobre el deterioro de nuestro medio, como si de ese modo se pusiera remedio a su tendencia a excederse. El hombre influye en su medio, aunque la Tierra, antes de que la raza humana se hiciera señora de ella, fue caótica y desordenada, excesiva en volcanes y terremotos, hielos y desiertos, extinciones en masa, glaciaciones y tiempos tórridos, deriva de los continentes, nacimiento y hundimiento de tierras. En fin, para qué seguir enumerando catástrofes. El hombre, con la caza, la agricultura y las obras de ingeniería más bien la ha civilizado. Otra cosa es que se nos escape de las manos tanta civilización para procurarle comida a una población creciente.

No debemos insistir demasiado en que la tierra era un planeta idílico hasta que la aparición el hombre lo usó para su provecho. ¿Qué otra cosa podía hacer? Estas ideas calan en gente joven e ingenua y acaban creyendo que es así, como en una religión o una ideología política, que vienen a ser lo mismo. La tierra es un caos, el sistema solar al que pertenece, un caos mayor; la Galaxia empieza a escaparse de la comprensión humana, el Universo es el Gran Caos y, si como parece, hay muchos universos independientes unos de otros moviéndose a velocidades que la razón no alcanza, ¿cómo queremos poner orden en la Naturaleza y en la naturaleza humana? Desde nuestra aparición sobre la tierra no hemos hecho más que actos de soberbia y los mitos se encargan de recordárnoslo. Nos alarman con que se funden los glaciares y no nos dicen si hay tecnología para regar los desiertos.

Y, a todo esto, ¿qué puede hacer una persona particular? Poco o nada. Instar a los gobiernos, acaso, para que tomen medidas preventivas. ¿Cómo? ¿Con manifestaciones? ¿Votando a determinados partidos? La política ha hecho del bien común terrestre una ideología, mezcla de fe religiosa, espíritu excursionista y oratoria sacro-laica. Se intenta crear, si no existe ya, una moral ecologista, y es más que sabido que basta que aparezca una moral para que, al mismo tiempo, nazca el deseo de saltársela. Y esto en unos pocos países y en unas minorías dentro de ellos. El resto del mundo no quiere ni oír hablar del asunto. La cuestión principal, en las zonas más afortunadas, es que los ciudadanos coman todos los días; en las más pobres andan a salto de mata: queman, talan, rozan y matan para comer ese día. Mañana, ya se verá. Para mayor desconcierto, la antigua izquierda, hoy extinguida, se arroga la defensa de la tierra; pero es otra fe religiosa, y las creencias ajenas deben respetarse y no discutirse.

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