Crónica levantisca

juan Manuel / marqués Perales

'Trumpeados'

LA democracia degenera en demagogia, que es el modo de congraciarse con el pueblo mediante halagos populistas y promesas caras imposibles de cumplir. Aristóteles se dio cuenta de cuáles eran los peligros del régimen de Pericles y, aunque lo hayamos estudiado en los libros de Historia, no ha sido hasta ahora, hijos de la Transición, cuando vamos a comprenderlo de un modo práctico. Venezuela, Hungría, Gran Bretaña y, por último, Estados Unidos nos demuestran lo que también habíamos leído: que el populismo arraiga en la miseria y se contagia como una plaga. En uno de los populosos mítines de Donald Trump, el candidato republicano prometía que levantaría un muro a lo largo de toda la frontera mexicana y, ante la algarabía xenófoba, preguntaba: ¿Y quién lo va a pagar? "México, México", contestaban. La dirección del Partido Republicano está alarmada porque este émulo de lo que fuera el Tea Party está a punto de vencer en las primarias. Una victoria populista en EEUU extendería el miedo intencionado por más de medio mundo.

En Hungría, Viktor Orban ha convocado un referéndum bajo la siguiente pregunta: "¿Quiere que la Unión Europea disponga, sin el consentimiento del Parlamento húngaro, del asentamiento de ciudadanos no húngaros en Hungría?". Orban amenaza con denunciar por antipatriota a quien defienda el sí, y no es de extrañar si se atiende a la literalidad de la pregunta. Cameron, que es más aseadito que Orban en lo político, también le ha cogido el gusto a esto del referéndum, cuya convocatoria obedece la mayor parte de las veces a un modo de solventar los problemas internos de los partidos. El UKIP y el estrafalario alcalde de Londres -un periodistas retirado que contaba grandes trolas desde Bruselas para animar el antieuropeísmo de los tabloides- están arrastrando a Cameron a un ridículo similar al de Tsipras, cuando preguntó a los griegos sobre la inconveniencia de un plan que él se avino a firmar una semana después.

Paco Camps, el valenciano, quiere que le dejen participar otra vez en unas elecciones porque lo que más le gusta es vencer a los socialistas. Unas buenas urnas lo limpian todo; en especial, si como el ex presidente de la Generalitat acude dopado con financiación extraordinaria a los comicios. La demagogia, y ésta es su naturaleza, antepone las urnas al Derecho. Los alcaldes de Jesús Gil compraban el perdón con macetas y farolas. Un fantasma vuelve a recorrer el mundo, y esta vez no es el comunismo, sino el populismo.

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