Algo tenía que rescatarme de mi obsesión catalanista. Paula Fernández de Bobadilla presumió en Twitter de que dos profesores, su marido y yo, resistíamos aún y siempre al invasor tuteo en los institutos públicos. ¡Tenía que rescatarme un elogio! Soy muy sensible a ellos, aunque me los merezca a medias o a un cuarto.

Porque hay otros profesores que sostienen al "usted" y que lo hacen el doble que yo, que lo hago a medias. Tampoco es totalmente cierto que el asunto del usted me desconecte del independentismo. Allí late el mismo problema de fondo de falta de autoridad.

Yo apenas propongo a mis alumnos que la mitad de los días nos trataremos de usted y la otra mitad de tú. Les hace gracia, queda claro que lo del usted no es una necesidad de autoestima mía y aprenden no sólo a usar el usted, sino a cambiar de registro.

Puede serles útil. A mí me lo ha sido. Tenía un profesor que vivía en mi colegio mayor, donde le tuteaba, pero en clase y en la universidad le usteaba como los demás, y él lo agradecía con la mirada. Tengo un maestro literario, al que en la intimidad no trato de vuecencia porque se ha perdido para empobrecimiento general, pero al menos le trato de usted. En público disimulamos y me paso al tú para que ningún escritor joven se sienta interpelado en sus hábitos. Para cualquiera de esas dos eventualidades y otras, mis alumnos estarán perfectamente preparados.

Pero lo importante no es eso, sino que reconozcan que en la enseñanza, pese al autoritarismo del igualitarismo, existen unas gozosas jerarquías, y que reconocerlas, lejos de humillar a nadie, exige más al profesor y al alumno le facilita el aprendizaje. La libertad consiste en escoger el camino, no en ir a la fuerza por el más libertario, sino por el que nos da la gana, que puede ser, incluso, el que nos interpela y es mejor.

A mí, por otra parte, me sirve de indicador de calidad, como dicen los pedagogos. Con tanto cambio del usted a tú y viceversa, nos confundimos con frecuencia. Lo interesante es observar la tendencia del error: si se extiende el usted, es que me lo estoy ganando con mis clases. Si predomina el tú, me lo merezco. Es una señal sutil, pero infalible, que me recuerda que la autoridad no puede ser impuesta, sino sólo otorgada. A lo que no me he atrevido aún es a incluírlo en mi programación como instrumento de autoevaluación. A ver cómo lo explicaría luego a la inspección de educación.

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