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DESDE LA CASTELLANA

Alejandro / Daroca / Adaroca@ Nortideas.com

El agua, la guerra del futuro

ASISTO con cierta perplejidad a las peleas de medio pelo que, con motivo de la escasez del bien más preciado, que es el agua, se han organizado entre los partidos y dentro de los partidos, entre las Comunidades Autónomas, entre provincias y entre políticos de todo tono. Barcelona tiene sed, es la llamada. Y con distintas declaraciones se han manifestado variados puntos de vista y no parece que ninguno de ellos sea precisamente dadivoso ni dialogante. Hasta el más pequeño de los agricultores cree que el agua es suya, y sólo suya, que es lo peor.

Parte de la culpa, hay que decirlo, es del Gobierno socialista de Zapatero. Y señalo esto porque nada más llegar al poder, hace cuatro años, desterró y enterró de manera definitiva el proyecto de Plan Hidráulico nacional que llevaba mucho tiempo construyendo el gobierno de los populares. Y lo hizo a instancias y petición del gobierno de Aragón, también socialista, que quería defender como sólo suyo, el caudal del Ebro. Y lo que es peor, permitió que se reformaran varios Estatutos de Autonomía en los que cada gobierno de turno mantenía el absoluto derecho de gestión de las aguas de los rios de su Comunidad, como es el caso del Estatuto andaluz sobre las aguas del Guadalquivir, cuestión que provocó los genios de Rodríguez Ibarra.

Estimo, con la debida prudencia, que el grave error consiste en dejar que el agua, bien preciado y escaso, sea gestionada por cada Comunidad, cuando es asunto que debería estar en el Poder Central del Estado y ser este quien administrara, en bien de todos y dentro de lo posible, los excesos de caudales o la escasez del mismo. Ahora se ha visto que dejar este asunto en manos localistas sólo consigue enfrentamientos entre vecinos y agrandar las desigualdades que cada uno tiene en función de su geografía. El grito de Barcelona tiene sed no ha servido ni para poner de acuerdo a los propios correligionarios de un mismo partido. El socialista Montilla pide el trasvase de agua del Segre al Llobregat, y el socialista aragonés Iglesias no le ha hecho ni caso. Y encima, los agricultores de Lérida, que ya se podrían mostrar más generosos, han dicho que el agua es suya y para sus necesidades y que si Barcelona necesita agua, que la busque en otro lado. Los listos de Fomento aportan la solución de que se lleve agua en barco desde Almería a la capital catalana, cuando esto va a resultar diez veces más caro que cualquier otra solución. Y como última decisión se apunta lo de llevar el agua en tren, en vagones cisterna. Y mientras las laderas del Ebro inundan las aceras de Zaragoza, Barcelona pasa angustias y sed. Y ahí tenemos los proyectos de desalinizadoras -caras y atentando contra el medio ambiente- que se inventaron la Álvarez y la Narbona. Todo esto no es más que síntoma localista que nos debe poner en alerta frente a un problema grave de futuro y universal. El mundo tiene sed. Y más que tendrá. Y los problemas de futuro de nuestro mundo no habrán de venir ni por la escasez de energías, ni por la escasez de alimentos. Sino por la escasez del agua, que es un bien no compartido ni regulado. El mundo del sur se morirá de sed, mientras el mundo del norte despilfarra este bien. Pero los Estados, los Gobiernos y quien coño mande en este mundo no tomarán cartas en el asunto hasta que sea demasiado tarde. Y por el agua se muere y se mata. Espero que los que mandan y los que dependen del Ebro no lleguen a las manos.

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