A rienda suelta

Manuel Moure Mmoure@diariodejerez.com

Los aromas de la verdulería

UNA docena de tomates envasados en plástico me hacen menos gracia que a un sacristán una carcoma de peana. Cada vez que no he tenido más remedio que recurrir a las verduras envasadas -que han sido más de las que hubiera deseado- me ha sorprendido, de un lado, la hiriente perfección de esos productos de invernadero y, de otro, su absoluta carencia de aroma. Uno de los placeres de esta vida a los que más tarde he accedido ha sido comprar la fruta y el verde en la verdulería de confianza. El otro, acostumbrarme a degustar la carne poco hecha. Comprar las verduras en el comercio tradicional implica, casi siempre, hacerse con productos de la tierra. Además, hay un valor añadido: una vez guardadas en el maletero del coche o depositadas en el asiento de atrás, la compra va desprendiendo un agradable aroma que es hasta capaz de inspirarte en el camino de vuelta. Y además por un precio mucho más barato. ¿Alguien da más?

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