CON MALA UVALA nicolumna

Nicolás / Montoya

La bota de los turbiosCara y cruz

Jornadas de alemán para favorecer el turismo

Cuando apenas faltan dos semanas para la primavera, entrará el próximo día 20, el frío se ha vuelto a instalar en la ciudad. La temperatura máxima de ayer alcanzó los 15,3 grados centígrados, nueve grados menos que la alcanzada el pasado fin de semana. Eso y el viento han hecho que la sensación de frío sea mayor, por lo que hubo quien sacó hasta la bufanda. La foto es de VANESA LOBO.

En las distancias cortas es donde se conocen a las personas. Si no, que se lo digan a quienes se han acercado estos días a besar alguna mano o algún pie. Lo mismo que algún que otro cara a cara. Las túnicas o las sayas, como las corbatas y los trajes, ya no sirven para ser diferentes y ahora son las caras las que pueden servir para diferenciar un gesto tanto de una virgen inmaculada como de un aspirante a debate televisivo. La expresividad dice más que mil palabras y ser espejo del alma es brotar las emociones.

Como quiera que para tomar decisiones habría que saber usar la razón, y como la finalidad de la inteligencia es dirigir bien la conducta, en muchas decisiones cotidianas deberíamos ser inmunes a ellas pues irremediablemente quien hace uso excesivo de las emociones acaba corrompiendo la inteligencia.

Lo bueno es que a inteligentes es más difícil convencerlos, por lo que al final recurren a regalos y el uso de las emociones y lo malo es que quienes así actúan seguirán ostentando cargos, pero no se ganarán el respeto de los que tengan dos dedos de frente. Además, cuando se tienen varias caras existe el riesgo de poner la que no corresponde, en el momento más inoportuno. Y eso está pasando demasiado a menudo.

Quitarse las caretas sería un ejercicio necesario, pero hay caras que son un poema y más bien asustan. Se nos debería caer la cara de vergüenza de seguir apostando por lo superfluo del culto a la cara, instalándonos demasiado en no ahondar en lo importante, y llevando a personalismos que no dejan traslucir las ideas. Más que las caras de algún que otro muñeco de guiñol, lo bonito sería preocuparse de la cara y del corazón de quien tenemos a diario a nuestro lado: de nuestra chiqui, de la chati, el boloncete o la gordi, que además de cara tiene muchas más cosas. Sin caer en la desfachatez, eso sí que sería contenido para una jornada de reflexión.

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