CON MALA UVAla columna

Begoña García / González-Gordon

La bota de los turbiosDos rombos

El Zoobotánico de Jerez llevó a cabo ayer un acto promocional en el centro urbano. El motivo de la misma no fue otro que informar a los jerezanos de las grandes ventajas que tiene ser miembro del 'Club de Amigos del Zoo'. La mascota del parque, un ibis eremita, se paseó por la plaza del Arenal donde se erigió en punto de atención de mayores y pequeños. La fotografía es de VANESA LOBO.

Una Navidad más, resonó la voz del profeta: "Habitaban tierra de sombras y una luz les brilló. Porque un niño nos ha nacido". Y yo he pensado en la triste casualidad de que coincida, con la vuelta al candelero del aborto.

Hoy esta columna tiene dos rombos. Lo digo en serio. No es apta para niños ni para mayores con reparos. Puede herir alguna sensibilidad, como hirió la mía. Se me pone el cuerpo malo cada vez que lo recuerdo. Me anduve resistiendo pero, para escribir, consideré un deber mirar la realidad de frente. Y someterme al terrible impacto de ver imágenes sobre el aborto. Las encontré en internet, como todo. Ahí, a un clic del ratón, a nuestro alcance, el resultado visible de la carnicería más espantosa.

Siempre hay un detalle -dentro del horror- que nos descompone especialmente. Como el que tengan trituradora los desagües. Yo, lo que no consigo olvidar, es una cabecita incipiente. Tenía la carne todavía un poco transparente, como un gusarapo, y estaba de perfil. Pero alguien le tocó los labios, como se le hace a los bebés -ajóoo- para provocarle una sonrisa, y la boquita se abrió. Con una suavidad, con una perfección motriz, que me dejó lívida. La mecánica de la mandíbula, estaba ya dispuesta. Los rudimentos de esa prodigiosa maquinaria que es el cuerpo humano, habían echado a andar. Pero había sido concebido sin querer, mejor borrarlo. Después, vi a alguien con guantes quirúrgicos, manipulando un cuerpecito amoratado. Le cogía un bracito, le daba la vuelta, le sostenía la cabeza. Como se hace con un recién nacido, para bañarlo o vestirlo. Parecía un bebe dormido, a pesar de su tamaño. Pero no había vida en ese cuerpo desmadejado y resbaloso. Y su lasitud era estremecedora.

Perdón. No ha sido una forma alegre de felicitaros el año. Pero escribo de lo que tengo en el corazón, cada semana. Y esta semana mi corazón tiene dos rombos. Esos dos niñitos, dos estrellas, que por llegar a una tierra de sombras, no consiguieron brillar.

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