CON MALA UVAla columna

Begoña García / González-Gordon

La bota de los turbiosHomeschooling (I)

El mantenimiento del alumbrado público tiene su aquel, pero no deja de ser una obligación para con los contribuyentes que pagan sus impuestos. En la foto de VANESA LOBO, un operario repara una avería en una farola junto al Palacio Domecq, una de las zonas mejor iluminadas de la ciudad, en la que, no obstante, sigue habiendo muchos rincones oscuros, en la periferia y en pleno casco histórico.

HACE poco me enteré de que querían quitarle a una madre la custodia de su hija por practicar homeschooling con ella. No se trata de ninguna perversión, ni siquiera de una forma sutil de maltrato. Significa algo así como "la escuela en casa".

Me escandalicé. Con los tiempos que corren para el sistema educativo en nuestro país (no corregido y sí aumentado, para mal, en nuestra comunidad autónoma) no parece sino que a algunos les sobra tiempo para andar persiguiendo a los insumisos. Y cayendo en la ridiculez más absurda, en la más kafkiana de las crueldades.

En mi caso la noticia cayó en terreno abonado. Yo misma fui un caso de homeschooling. Y cuando mis hijos eran pequeños, veía desesperada la ingente cantidad de horas que pasaban en el colegio con resultados que me parecían muy pobres. Hace unos meses pude ver un reportaje. Me impresionó lo voluntariosas que eran aquellas madres, dispuestas a suplir a la escuela y educar a sus hijos como consideraban mejor. Con una valentía a prueba de bombas, no escatimando esfuerzos ni sacrificios. Vi sobre todo, en ellas, un alarde de imaginación. Una apuesta valiente y decidida por hacer algo positivo y práctico, frente a un sistema educativo oficial que no les convence.

En el caso de la madre a la que le han querido arrebatar a su hija, supongo que ya habrá imperado el sentido común. Lo supongo porque aun me queda un resquicio de fe en que en este país no estamos todo majaretas. Que hay gente sensata que sabrá corregir los excesos de esos iluminados bienintencionados, que tienen tanta fe en su credo que, como los antiguos inquisidores, están dispuestos a imponérnoslo a toda costa.

La niña, espero, podrá seguir con su madre. Una madre con libertad para educarla como a ella le parece correcto, siempre que no le haga daño (y el homeschooling, a mí al menos, no me hizo ninguno). Aunque no case con el evangelio de lo políticamente correcto.

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