tribuna libre

Mauricio Gil Cano / Escritor

El chico de la estrella

EL poeta y crítico literario José Lupiáñez ha reunido en su libro 'El chico de la estrella' (Port-Royal: Granada, 2012) seis hermosos cuentos que son muestra de su gran capacidad narrativa. Lupiáñez domina el arte de contar historias con elegancia y verosimilitud, profundizando en la psicología de sus personajes. A través de una prosa ágil y sensitiva, recrea ambientes de los años sesenta, donde los protagonistas son adolescentes, salvo en 'El vértigo de la eternidad', que narra la fascinación ante la muerte de una mujer de edad -y, aun en la narración citada, hay un guiño a esos ambientes púberes, pues un personaje determinante en el desenlace de la trama ha sido compañero de colegio del marido de la protagonista-. Cada pieza es una pequeña obra maestra, donde encaja, con la exactitud de la nostalgia, todo un universo. El autor es especialista en dosificar la tensión de sus historias hasta conducir al lector a un final sorprendente.

El volumen se cierra con un epílogo de Antonio Enrique, quien señala las influencias de Chejov y Maupassant, pero también de Horacio Quiroga, en la concepción del relato. Para Enrique, la maestría narrativa de Lupiáñez, siempre sostenida por su aliento poético, "demuestra que el poeta épico es anterior al poeta lírico, porque quien no se embelesa ante el exterior de las cosas y los seres es probable que nunca acierte en los atisbos interiores". De lo real maravilloso en 'El milagro de los peces' al descubrimiento de la realidad atroz en 'Don Siro', del sufrimiento oculto y cotidiano en 'El imperio de César' al desengaño amoroso en 'El secreto', de la superación de la tragedia y la esperanza de 'El vértigo de la eternidad' a la algarabía pandillera de 'El chico de la estrella' -cuento que da título al conjunto-, cada relato de Lupiáñez incluye todos los factores que posibilitan que la narración cuaje, seduciendo al lector y revelándole un fragmento donde están disueltas las esencias de la totalidad. Porque cada relato de este excepcional volumen va más allá de las circunstancias y seres recreados para alcanzar un valor universal, un significado que afecta a cada lector, independientemente de la nostalgia que suscite en quienes vivieron su infancia o adolescencia en la España del desarrollismo.

Aquel que se introduzca en las páginas de 'El chico de la estrella' participará de un gozo como sólo nos depara la buena literatura. Las leerá con placer, por la calidad de su estilo y la caracterización de sus personajes, así como por la estratégica disposición de sus tramas y el encanto de éstas, pero, sobre todo, por la fabulación de un mundo donde identificarnos y alcanzar a comprendernos algo mejor.

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