Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

La flexible moral del clan

La praxis del rábano por las hojas: el rector de la Universidad Rey Juan Carlos va contra el mensajero

En estos días de titulaciones falsas de políticos conniventes con académicos en universidades donde algunos partidos colocan topos infiltrados y deudores; días de mentiras asociadas a la anormalidad institucional, de posteriores peleas intestinas y del tan hispánico recurso de trinchera que cursa con "Y tú más", "Pues anda que tú", "El mundo del revés: el que lo dice lo es, toma, toma", he recordado con un amigo un artículo de Fernando Savater en El País, de 1983, que circuló en recorte original y fotocopias por no pocas carpetas de apuntes. Moral y puritanismo se titulaba. En síntesis, el puritanismo es la moral fullera, en esencia exterior y de cara al público, un "conjunto de reglas para juzgar las conductas, preferiblemente las de los demás". La moral es, por el contrario, una opción interior, a la medida de la propia visión del bien y del mal, compartida o no con otros. La actitud de, sobre todo pero no sólo, el Partido Popular por el fantasma de la presidenta madrileña Cristina Cifuentes ha sido puritana, además de tribal y hasta pandillera: los nuestros por encima de otra consideraciones, como dijo a las claras Cospedal en la última reunión de pastores populares en Sevilla, y como preconizaba aquel Bilardo, entrenador argentino del célebre "Pisalo, pisalo". Los nuestros sobre toda otra consideración… incluida la moral. Uno de los nuestros, como aquellos Joe Pesci, Ray Liotta y De Niro de la película de Scorsese de ese título. Pero claro, en el mundo pandillista suele haber enemigos interiores.

Qué más da, pero es muy de temerse que quien filtró la golfada de Cifuentes fuera uno de los nuestros, digo, de los suyos. Que se la hizo llegar al buzón de otro profesor de la Universidad Rey Juan Carlos -al Emérito le llegan fuertes y flojas, de fondo y forma-, un profesor del PSOE: qué lince el filtrador, niño. ¿Una firme acción del rectorado de esa universidad madrileña ante este delito académico corrosivo para su imagen y, por efecto halo, la de toda la universidad pública?: abrir expediente al mero transmisor… ¡por si pudiera haber incurrido en merma de la ley de protección de datos! Puro puritanismo: las hojas, por el rábano. "La verdad puede esperar, practiquemos la defensa tinta de choco. Matemos al mensajero", algo muy propio de tribus, ejércitos pandillares y, en general, de quien presume de tener, ja, unos principios morales sólidos e irrenunciables. Salvo que haya que moldearlos y hasta renunciar a ellos: si no nos valen, tenemos otros. ¡Groucho rector, ya!

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