la esquina

José Aguilar

La gran familia china

SABIDO es que en todas partes cuecen habas y que la corrupción y el abuso de poder no son privativos de ningún régimen político, sino propios de la condición humana. Hay quienes se corrompen en la sociedad democrática y quienes se corrompen en una dictadura.

La diferencia no está en el número de corruptos ni en la dimensión de sus corruptelas. La diferencia esté en el tratamiento que reciben: la democracia tiene mecanismos, más o menos eficaces y rigurosos, para atajar el mal y castigar a sus responsables, la dictadura no tiene ninguno. Al contrario, garantiza la impunidad de los culpables porque son ellos los que monopolizan el poder político y lo ponen a su servicio. Y no sólo la impunidad. También asegura que la corrupción no será revelada a los ciudadanos, que han de conformarse con la sospecha.

El prestigioso The New York Times ha publicado, tras una investigación exhaustiva, que la familia y los amigos del actual primer ministro chino, Wen Jiabao, han amasado una auténtica fortuna (manejaron activos por dos mil millones de euros) gracias al tráfico de influencias, la información privilegiada y el abuso de sus posiciones de dominio en las estructuras del Estado. El trinque se ha desarrollado desde el nombramiento de Wen Jiabao en 2003 y ha tocado muchos palos, desde el sector bancario a las compañías de telecomunicaciones y de los complejos turísticos a las infraestructuras pasando por las joyas, todos ellos muy prósperos en el sistema comunista más ferozmente capitalista jamás soñado.

Ha habido negocio para todos, de tal manera que el organigrama de los nuevos ricos y sus vinculaciones de sangre, parentesco y amistad resulta frondoso y complejo: está la esposa de Wen, están sus cuñados, el hermano, el hijo y la nuera, la hija, amigos de la mujer o del hijo... Hasta la madre del gobernante, con 93 años, llegó a disponer de una inversión de 93 millones de euros en una compañía de seguros. El informe de The New York Times ha sido un duro golpe para la credibilidad del primer ministro en la etapa final de su mandato, ya que ha cultivado siempre una imagen de hombre humilde, cercano al pueblo y activista de la lucha contra la corrupción en el Partido -tratándose de China, partido ha de ir con mayúsculas-, hasta el punto de que se le conoce popularmente como Abuelo Wen.

Bueno, ha sido un duro golpe fuera de China, porque dentro el Régimen -más mayúsculas- se encargó de bloquear las ediciones digitales del periódico en chino y en inglés a fin de que sus conciudadanos no fueran a enterarse de las andanzas de la familia Wen bajo la sombra protectora del abuelito. Los que vivimos a la sombra de la democracia sí podemos conocerlas y comentarlas. Es la ventaja.

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